Si Michelle Bachelet fuera la solución a todos los males que aquejan a la sociedad chilena sin duda que, en las próximas elecciones presidenciales, yo también votaría por ella, pero la realidad es muy distinta, pues dadas las circunstancias ideológicas de la ex presidente, más cercanas a la centroderecha en lo político y económico, ella no es garantía de ser la solución a las injusticias sociales y económicas que sufre la población, y menos es solución a la corrupción política y empresarial. Con toda seguridad Michelle Bachelet será la próxima presidenta de Chile, y la dirigencia de la Concertación pasará de su actual discurso crítico al sistema, por lo menos públicamente, a apoltronarse nuevamente en los cargos públicos, exhibiendo la arrogancia e inconsecuencia que demostró durante los veinte años que gobernó bajo la férula de la Constitución de 1980 y fortaleciendo, además, el modelo neoliberal.
Buscarle el cuesco a la breva sigue siendo un principio básico para joder la pita. El domingo 27 de enero en los patios de la facultad de Arquitectura y Urbanismo, se llevó a cabo la Cumbre de los Pueblos de América Latina, el Caribe y Europa, pero para decir las cosas como son en el ex Mercado Presidente Ríos, de pueblo había poco.
Ante las cifras positivas de crecimiento económico y bajo desempleo del 2012, ningún economista vinculado a los 4 gobiernos de la Concertación ha dado opinión alguna. ¿Están desconcertados? ¿Prefieren no emitir opinión para no arriesgar su futuro en el próximo gobierno? ¿O realmente no hay explicación alguna?

Los dueños de Chile son una casta asquerosamente racista y clasista que confunde la corrupción con los conflictos de interés: ellos no cometen delitos, sino “errores”.
Me han dicho que escribir un comentario político refiriéndome al exsenador Jaime Guzmán, no es aconsejable; menos ahora cuando su partido la UDI clama a los cuatro puntos cardinales, porque los culpables de su asesinato estén detenidos en la cárceles de Chile.

Durante la plenaria de la cumbre de la CELAC, el presidente chileno, Sebastián Piñera, ha dicho al presidente boliviano, Evo Morales, que la “soberanía no se negocia por intereses económicos”. Esto a propósito de la petición de salida al mar para Bolivia manifestada por el mandatario altiplánico. Esta frase de Piñera obviamente sacó aplausos entre la derecha chilena y el sector más chovinista y patriotero de la Concertación, encabezado por el siútico diputado Jorge Tarud (PPD). Los medios de comunicación, afines, y la TV dieron amplia cobertura a la intervención del presidente chileno, calificándolo prácticamente como una especie de héroe resucitado de la Guerra del Salitre ocurrida en 1879.
Los mandatarios internacionales han partido. Continua el conflicto chileno-mapuche. Aparece su cara esencialmente política. El Presidente Piñera categórico dice: Chile es una sola nación, sin discusión. El Estado chileno empata el tiempo y no asume que enfrente tiene un pueblo diferente, no fácil de entender y con el cual está obligado a convivir, por más que se esfuerce en eliminarlo.