
Una de las sorpresas del cónclave no sólo fue haber elegido a un Papa no europeo, sino a un jesuita. El nombramiento de Jorge Mario Bergoglio como Papa causó sorpresa hasta en la propia Compañía de Jesús, ya que por primera vez en la historia el máximo líder de la Iglesia católica será un jesuita. Llama la atención por las fuertes estigmatizaciones y distancias entre la compañía y el pontificado particularmente de Juan Pablo II.

Poco nuevo hay por agregar a lo mucho que ya se ha dicho sobre el Papa Francisco desde su sorpresiva elevación al trono de San Pedro. Trataré de sintetizar esta breve nota en torno a tres ejes: (a) las acusaciones sobre su actuación durante la dictadura genocida cívico-militar; (b) su política como Arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal; (c) el posible impacto de su pontificado sobre la realidad sociopolítica de América latina.

Tanto en la derecha como en la Concertación, saben que de no tomar medidas, el modelo se puede venir abajo con impredecibles consecuencias para la mejor de las expresiones de la cultura dominante: la codicia.
El mismo día de su muerte el presidente Hugo Chávez le ganó una nueva batalla a su más empedernido enemigo, el gobierno de Estados Unidos.
El Papa actual no será parecido a León XIII – autor de la Encíclica Rerum Novarum (acerca de las Cosas Nuevas) -: la doctrina social de la Iglesia tiene poco espacio, una vez derrumbada la Democracia Cristiana en el mundo y la intrascendencia de pensadores cristianos y conversos que, en el siglo XX, fueron fundamentales.
Y el pasado es imborrable, ahora lo condenará también el futuro. Hoy una gran parte del pueblo argentino recibió tremendo “gancho al hígado” aplicado por la más alta estructura de la iglesia católica. No puedo quedarme callada siendo parte de un pueblo que lloró a 30 mil compañeros asesinados, torturados, masacrados.
Pasada la primera impresión de los cristianos –y de los no cristianos agnósticos también- tras conocer el nombre del nuevo Papa, llamado Francisco, ha comenzado su glorificación, su sublimación. Recordemos que el Papa es infalible por gracia de Dios y, por lo tanto, su palabra es ley, ley divina, por decirlo de algún modo; también es sabiduría suprema. En cambio, asunto curioso, Benedicto XVI, el Papa renunciado, de ser infalible ha pasado a ser falible, o también podría ser un “infalible emérito”. En fin, dejemos ese tipo de definiciones a la Iglesia Católica.