Confieso que estoy aburrido del ceremonial de falsos perdones por parte de algunos personeros de la derecha y de Óscar Guillermo Garretón – un ex Mapu que, de tanto amar a Althusser, terminó adorando a los Luksic y Cía. -. La idea del acto conmemorativo, anunciado con bombos y platillos por La Moneda, me parece una torpeza: ¿cómo piensan se va a sentar , en la misma fila, la presidenta de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos con el maestro de los torturadores, el ex alcalde Cristián Labbé y los dirigentes del Partido al cual pertenece? A Allende no sólo lo mataron los militares y el freismo, sino que, fundamentalmente, los seguidores de un joven fascista, que mantenía una calavera en su escritorio y que no podía soportar que los herejes hayan atentado contra la propiedad privada – alfa y omega de su religiosidad fanática -.
No quiere ganar definitivamente. Consideremos que la Evelyn fue impuesta al final de cuentas, después de aceptar primarias, de bajar a Golborne, bajar a Longueira, bajar a Allamand. Es decir, su nombre quedó a firme después del quinto bote.
La joven Evelyn Matthei, en sus años mozos, jugaba a las muñecas – no las “peinaba” como decía algún calumniador – y tocaba en el piano “los pollitos dicen…” En Londres, a miles de kilómetros de Santiago, se enteró de que su tíos Gustavo, Augusto, Toribio y César habían llegado al poder, luego de unos “ejercicios aéreos” sobre la ciudad de Santiago. Es posible, según su propio testimonio, que haya lamentado por la forma un poco brusca con la cual sus tíos llegaron a la más alta magistratura, en consecuencia, no se la puede culpar de que desconociera que muchas jóvenes de su edad fueran asesinadas o estuvieran presas en el Estadio Nacional, mientras ella interpretaba un bello Nocturno de Chopin. Es posible que su padre, militar “constitucionalista” y sin ninguna ambición de poder, le haya prohibido la lectura de El diario de Ana Frank, por lo crudo de la historia.
La conmemoración de los 40 años del golpe de Estado de 1973 da para muchos recuerdos y reflexiones, pero en especial para que la derecha insista en acomodar los hechos que provocaron dicho golpe, distorsionarlos o sencillamente mentirlos hasta el hartazgo. Para llevar a buen puerto su embuste la derecha se apoya, entre otros argumentos falaces –como los de Hermógenes Pérez de Arce-, en los discursos de historiadores contumaces y cómplices de la dictadura, entre ellos Gonzalo Vial, Patricia Arancibia Clavel y Lucía Santa Cruz. Pero finalmente, lo que vale son los hechos concretos, las verdades sociales ampliamente demostradas desde las ciencias históricas, jurídicas y médicas.
USA declina y su herramienta principal en su relación con los otros estados es su fuerza de guerra. Ante la crisis financiera, económica, climática, energética, política, de recursos naturales, los poderes fácticos norteamericanos optan por la solución del dominio absoluto del planeta.
1.- Antecedentes. La nueva derecha, 1966-1973. A mediados de los años 60 del siglo XX la burguesía chilena decidió poner fin al régimen político existente, no importando si gobernase la Democracia Cristiana con su revolución en libertad o la izquierda liderada por Salvador Allende. Su crítica era de fondo, había que cambiar el orden constitucional y dotar al país de una nueva institucionalidad. Según su diagnóstico, la democracia había sido penetrada por ideologías disolventes de la identidad nacional. Su objetivo, instaurar un orden totalitario marxista-leninista, mediante la dictadura del proletariado, atizando el odio y promoviendo la lucha de clases. Era obligado actuar en consecuencia.
Salvador Allende, ese día 11 de septiembre, se convirtió en un gigante moral, no sólo para América Latina, sino también para el mundo entero. Es difícil encontrar a una persona de mi generación, en cualquier país del mundo, que ese día no se haya conmovido con la batalla de La Moneda y el gesto heroico y consecuente del Presidente, en contraposición con Augusto Pinochet, que ha encarnado, a través de la historia, la peor alimaña que haya producido el género humano.
Desde siempre lo venimos diciendo los fulanitos y zutanitos que metimos la cuchara con toques de ultrones renegados. Poco antes lo había advertido el presidente de los banqueros. Y ahora, cuando la CEP habla para decir lo que piensan los poderosos dueños de todo, la cosa suena a escándalo.

