– Necesito que la vayan a esperar.
Su voz era aún más marcadamente teatral, con una dicción que separaba la letras y los énfasis al extremo de ver salir de su boca una desfile ordenadito de razones y argumentos antes los cuales no se conoce quien le haya dicho que no a algunos de sus proyectos.
Es todo y es nada: nadie osa definirse como clase alta o pobre; la clase media está pintada para ser compañera de ruta de la centro-derecha o de la centro-izquierda, y ocupa un alto porcentaje de los discursos demagógicos de los políticos. Las personas de clase media no pagan impuesto a la Renta, pero sí lo hacen con el IVA; las personas de clase media son asiduos seguidores del programa “Morandé con Compañía”, y creen que, por ejemplo, Fernando Villegas domina la política y es un gran sociólogo apocalíptico, y que Matías del Río es un profesional del periodismo objetivo – y no un mocito de la derecha -.
Va quedando de manifiesto ante la opinión pública que el nuevo gobierno contaba con un programa presidencial definido solo en sus rasgos generales, sin tener claridad respecto de sus objetivos específicos e incluso sin haber definido sus prioridades y cronogramas.

Las catástrofes que de vez en cuando azotan el territorio, tienen la desgracia de golpear siempre a los mismos perdedores, y el mérito de desnudar las peores miserias de los mismos poderosos.
Tierra, agua y semillas son imprescindibles para cultivar y comer. O alimentos para la mayoría o dinero para la minoría, ésta es la cuestión. La Vía Campesina, el mayor movimiento internacional de pequeños agricultores, jornaleros y sin tierra, lo reivindica día a día. Hoy, 17 de abril, en la jornada internacional de la lucha campesina repasamos su historia.
El incendio de los cerros en Valparaíso, El Vergel, La Cruz, El Litre, Mariposas, Las Cañas, Mercedes, Miguel Ángel, dejó un saldo de 2.900 casas quemadas y más de 10.000 damnificados como trágico testimonio de la precariedad en que vive la mayor parte de la población en Chile, agravada por los cambios climáticos que se están produciendo en todo el mundo por la intensa explotación que hacemos del planeta, en una peligrosa apuesta que implica seguir sacando de la naturaleza recursos finitos, que ya dan muestras evidente de agotamiento.
Muchos de los que ahí nos constituimos como porteños, porque en nuestras tristes regiones la identidad se rellena con mercancías vendidas por el retail, sabíamos que tarde o temprano una catástrofe se encargaría de exterminar la pobreza del puerto herido por mafias demócrata cristianas, udis, pepedés, y todos aquellos que se aprovecharon, y lo continuarán haciendo, de su oxidado, miserable y caótico habitar.
Hace unos días, Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, aseguró que 1.000 millones de personas viven hoy en la pobreza más extrema. Es la séptima parte de población, casi un 15% de habitantes de la Tierra. Para señalar la gravedad de la situación, Kim indicaba que “para acabar con esa pobreza extrema se necesitaría que un millón de personas dejara ser pobre cada semana durante 16 años”.