
Una de las características tranquilizadoras de las guerras europeas es que suelen tener comienzo y fin: una de las características intranquilizadoras de los conflictos colombianos es que nadie sabe con rigor cuándo comienzan ni cuándo terminan. La última guerra de la que tuvimos esos datos fue la llamada Guerra de los Mil Días. Desde entonces nuestras confrontaciones se han llamado, en los años cincuenta, la Violencia, y en las últimas décadas, el Conflicto. Ambas abarcan no un claro enfrentamiento entre ejércitos en campos de batalla sino un clima de acechanza y de terror, cuyas principales víctimas son civiles, hechos bélicos, pero también atrocidades que exceden el ámbito de la guerra, largos y multiplicados fenómenos de inhumanidad que van hundiendo a la sociedad en la sordidez, en la indiferencia, e incluso en la resignación.


“Se están haciendo tres reformas súper grandes. Una es política, otra es tributaria y otra es educacional. Con una mayoría circunstancial de la nueva Concertación, pero que son súper relevantes y que lamentablemente algunos de los ruidos que se escuchan a uno le recuerdan los tiempos de la Unidad Popular (…) Es un lenguaje que tiene olor a UP y yo creo que es un mal camino, porque después no hay que lamentarse si salen reformulaciones nuevas de Patria y Libertad”.(1) Declaraciones (y amenazas) de César Barros, presidente de multitienda La Polar, y ex presidente de SalmónChile. Un empresario que no oculta haber militado en el grupo terrorista Patria y Libertad.
La Revolución Cubana, desde El Moncada hasta la entrada en La Habana y la instauración del gobierno de los barbudos, fue una revolución de jóvenes por la democracia social, por acabar con el tiempo muerto y asegurar pan y trabajo a todos. Se apoyó en la movilización y la participación en la lucha política sindical y armada de la parte mejor y más pobre del país. Éste estaba politizado por la experiencia previa del radicalismo antimperialista de Guiteras y se caracterizaba por la lucha ideológica entre las diferentes tendencias (nacionalista, socialcristiana, comunista estalinista, comunista trotskista, anarquista) que influían en el movimiento estudiantil y obrero.


La noticia aparecida en El Mostrador, dando a conocer que el ministro de Educación Nicolás Eyzaguirre “metió el dedo en la llaga del arribismo en el sistema educacional, etcétera, etcétera”, ha sido reproducida en Internet como si fuese la novedad del año, aplausos de por medio para el Mesías. Al mismo tiempo, el ministro aparece en la portada de La Segunda junto a su hijo, al cual le dan dos páginas para mostrarlo como uno de los héroes juveniles de la solidaridad con Valparaíso. El joven actor aprovecha la ocasión para mandarse una frase para la galería: “ser rebeldes es tener pataletas, nosotros somos críticos” ¿Casualidad tanta tribuna pública para posesionar desde distintos ángulos la marca Eyzaguirre? ¿Pisará la Confech, la Ase y la Cone el palito, como cuando lo pisaron en el pasado y el ministro Bulnes los desmovilizó? Disculpen el chilenismo, pero tendrían que tener “del año que les pidan”, o pertenecer a los mencheviques socialdemócratas de la Nueva Mayoría.
Camila levanta su puño, Karol aparece en afiches, un diputado se despacha una arenga que humillaría a la de Arturo Prat, pero luego se agacha como casi todos, el PC hace un corto que no dice nada en bocas de sus más mediáticas personalidades.
Las “advertencias” al gobierno chileno que formuló el embajador norteamericano Michael Hammer en una reunión de empresarios, constituyen, sin ninguna duda, una intromisión en la política interna de nuestro país y un agravio a la soberanía nacional. Fueron hechas, además, en un momento particularmente inoportuno, lo que les da carácter de verdadera provocación.