En una ocasión, conversando con un hombre alzado sobre los 80, me alcanzó una impresión. Una imagen a la que se suponía debí llegar solo a través de la propia experiencia, de esas vivencias que nos dan perspectiva.
Archivo periodístico 2005–2019
En una ocasión, conversando con un hombre alzado sobre los 80, me alcanzó una impresión. Una imagen a la que se suponía debí llegar solo a través de la propia experiencia, de esas vivencias que nos dan perspectiva.
Las Fuerzas Armadas de Chile son las mismas de siempre. Un ejército que asesinó siempre a su pueblo por pedido expreso de la clase dominante para salvar el alma de la patria y los sagrados intereses.

Más allá de su contundente victoria electoral, es evidente que Jair Bolsonaro no representa un proyecto político claramente definido ni un movimiento o partido de raigambre popular con objetivos políticos o programáticos definidos públicamente. Como su misma campaña lo advirtió, votar por él era hacerlo contra del Partido de los Trabajadores, la corrupción generalizada de las autoridades y los altos e inquietantes índices de criminalidad. Tampoco en lo personal al ahora presidente Electo se le reconoce cualidades de conductor o líder espiritual, cuando el mismo ha dicho que va a invitar a algunos conocidos economistas para que le hagan la tarea que, dice, no sabe hacer.
1.BRASIL: FUERTE DERROTA DE LA DEMOCRACIA
Ayer, 28 de octubre, el pueblo brasileño (más de cien millones de electores) eligió Presidente de la República al candidato más reaccionario conocido en la historia actual de América Latina.
Los críticos de las religiones monoteístas – el islamismo y el judaísmo – se mofaban del cristianismo por tener “tres dioses”, Padre, Hijo y Espíritu Santo y, sin embargo, una sola persona. Las primeras herejías trataban sobre el tema de la superioridad del Padre sobre el Hijo. En la época moderna el misterio de la Santísima Trinidad está obviado para los cristianos de derecha, por medio de la existencia de un solo dios, la propiedad privada, único derecho humano de raíz teológica.

El país se pregunta qué podrá esperar del gobierno de Jair Bolsonaro, electo presidente la noche del domingo. Sólo una cosa es cierta: nada bueno puede salir de las manos de ese esperpento.

El triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil es evidente e indiscutible: 55 millones de brasileros optaron por la ultraderecha y, lo que es más grave en esta votación, es el odio al socialismo, al Partido de los Trabajadores, especialmente a su líder, Luiz Inàcio Lula da Silva. Es inútil recurrir a la búsqueda de consuelo ante derrota tan categórica, y los 45 millones de votantes que eligieron la democracia sirven muy poco ante una diferencia de 10 millones de votos entre los ultraderechistas y los progresistas.

El 21 de octubre de 2018 en el diario El Mercurio un personaje llamado Daniel Mansuy, que es conocido en las grandes ligas de la cota mil de Santiago como un intelectual conservador que imparte clases en la Universidad del Desarrollo, publicó una columna titulada “La derrota del Contralor”, en donde arremete con inusitada dureza en contra del titular de la Contraloría General de la República porque una sala de la Corte de Apelaciones de Santiago le dio la razón a la ex subcontralora Dorothy Pérez, con motivo de la controversia de conocimiento público que mantienen ambos porque el primero le pidió a la segunda la renuncia a su cargo.

El verdugo de la obra del realista y ultra reaccionario Joseph De Maistre -Isaiah Berlin dedica un capítulo del libro El fuste torcido de la humanidad, titulado “J. De Maistre y los orígenes del fascismo”, (pág. 171-289), en el cual alaba la profesión de verdugo como fundamental para mantener el orden social-. Maistre combate, lo que llama la secta, que son los alborotadores y subversivos, en que conviven deístas, ateos, masones, judíos, demócratas, jacobinos, liberales, anticlericales e igualitaristas. Es necesario volver a la trilogía formada por el Papa, el rey y el verdugo.
Digo UNA REVOLUCIÓN porque ya pasó la época en que se hablaba de LA REVOLUCIÓN. Esa que cambiaría el mundo, que terminaría con la explotación del hombre por el hombre, construiría una sociedad sin clases donde todos le entregaríamos nuestras capacidades y recibiríamos de ella según nuestras necesidades. Aquella en la que no habría esclavos ni hambrientos y que sería el paraíso de toda la humanidad.