Mucho se ha estado hablando, y con razón, respecto al accionar paramilitar del Comando Jungla, cuerpo especializado al parecer en Colombia, en estrategias represivas y que terminó con la muerte de un joven comunero mapuche que iba desarmado, sobre un tractor y en compañía de un niño. Por cierto, continuando prácticas heredadas del régimen dictatorial cívico-militar, encabezado por A. Pinochet, la policía uniformada dio una versión falsa de los hechos.
Brazos no había hablado con su primo Negro Pálido, que tenía tan cerca a pesar de tenerlo prohibido, desde la nota “diplomática” de Macron que lo había dejado para adentro. No hablaba con nadie ni pedía extradiciones. Pero no pudo hacerse el leso y lo enfrentó.


Fue sorprendido el diablo vendiendo cruces.
Sebastián Piñera y su popularidad, que tanto acaricia, está cayendo en picada. El primer mandatario se consideraba en la gloria a falta de oposición y los fachos pobres lo apoyaban, convencidos de que la economía andaba viento en popa. Al fin y al cabo, los resultados del gobierno de Piñera son tan mediocres como los de Michelle Bachelet en sus últimos meses de mandato, es decir, cambiamos pan por charqui, de Guatemala a Guatepeor.
Jorge Enrique Pizano, pariente del ex presidente Samper, sabía demasiado sobre el caso Odebrecht, Ruta del Sol 2, que conecta Bogotá con la Costa Atlántica, y la solución para acallarlo era recurrir a este poderoso y mortífero veneno. Pizano padecía, según el informe, de un avanzado cáncer linfático y, según el parte médico, murió de un infarto al miocardio, pero uno de los médicos que, afortunadamente sabe cómo opera la justicia en América Latina, extrajo una muestra de cuerpo del occiso a fin de continuar con la investigación sobre la verdadera causa de muerte de Pizano.
Nicolás Maquiavelo describía las cualidades ideales del príncipe como las pertenecientes al zorro, que debe eliminar las trampas, y el león, que debe defender con vigor el territorio, es decir, debe contar con la habilidad del zorro y la fortaleza del león. Alán García es, sin duda, el más inteligente de los líderes latinoamericanos, sin embargo, es tan cobarde como la gallina.
El asesinato del comunero Camilo Catrillanca por el Comando Jungla de Carabineros – creado con bombos y platillos por el gobierno empresarial de Piñera – revela la incapacidad del Estado chileno, y en el pasado reciente de la Concertación-Nueva Mayoría, para reconocer las demandas históricas del pueblo mapuche. Se han negado sistemáticamente a hacerlo pues detrás de la élite política hegemónica están los pesados intereses de los poderosos grupos capitalistas-extractivos que dominan la política chilena posdictadura. No basta hoy con la renuncia de un par de generales. Es necesario un giro movilizador decisivo.