
El 14 de Julio recordamos un nuevo aniversario de la Revolución Francesa. Albert Soboul, uno de los mejores historiadores de ese período describe, con detalles, el paso de lo que él define como “la dictadura revolucionaria de los jacobinos” al reaccionario Termidor. Chile tiene la desgracia de haber llegado a la decadencia sin pasar por la gloria, de estar en el Termidor sin ni siquiera haber recorrido el jacobinismo. En el fondo, las famosas reformas de Bachelet, anunciadas con bombos y platillos, han quedado en la nada: fueron apenas un sueño que sólo alcanzó a inquietar, sin motivo alguno, a quienes en verdad detentan el poder.


Mahmud Aleuy es un sujeto que ha hecho de la política una profesión. Sin oficio ni profesión conocida, uno que en buen chileno no le ha trabajado un día a nadie, se ha permitido una insolencia de marca mayor con los ciudadanos que le brindan el sustento: para él un 30% de los chilenos que participamos en manifestaciones somos delincuentes.
El jueves pasado, la Presidenta declaró que no sería posible cumplir con la reforma educacional comprometida, debido al escenario económico. Tras el anuncio, se alzaron las habituales voces alabando la sensatez y realismo de la Presidenta, en tanto otros lo vieron como una renuncia. Desafortunadamente, es esta discusión misma la que dificulta un debate político serio, e impide aunar las fuerzas sociales y políticas necesarias para una verdadera reforma educacional.


