
El largo y sostenido esfuerzo, durante décadas, de los hacedores de paz en Colombia comienza a dar sus frutos, mediante el nuevo impulso recibido con la mediación venezolana, cubana, noruega y papal. El apoyo de Raúl Castro y el gobierno cubano, así como las recientes declaraciones del papa Francisco ayudaron poderosamente a destrabar un largo proceso de negociaciones que parecían interminables. Fueron decisivos los paros campesinos y las movilizaciones de los indígenas de Colombia que, simultáneamente al conflicto con Venezuela en la frontera debido al contrabando de bienes subsidiados de este país y a la infiltración de paramilitares colombianos en la República Bolivariana de Venezuela, colocaron al presidente Juan Manuel Santos ante una presión social interna y otra externa y lo obligaron a no ceder ante la presión y el chantaje de la ultraderecha colombiana dirigida por el ex mandatario Álvaro Uribe.
En algunos casos, la voz del pueblo no es la voz de Dios: la mayoría de los ciudadanos, por ejemplo, es partidaria de la aplicación de la pena de muerte, no por esta razón el crimen de Estado contra una persona inerme va a ser éticamente aceptable; es cierto que más del 80%de los chilenos encuestados asume una posición chauvinista al no ser partidario de un acuerdo directo con Bolivia. En este plano, me atrevo a convertirme en enemigo del pueblo – para usar los términos de Ibsen – y desarrollar una propuesta de diálogo entre estos dos países en conflicto que nos permita reubicarnos en el latino americanismo, al cual aspiraba Francisco Bilbao.
Los grupos actualmente en el poder en Chile rechazan negociar una solución favorable a la petición boliviana.
Mientras que dos ex presidentes y actuales pre candidatos, más el otro ex, el DC Eduardo Frei (involucrado en prácticas corruptas de campaña), se lucían bajo los reflectores durante el fallo de la Haya junto con la presidenta en la “defensa de la soberanía nacional”, lo que significa por lo demás aceptar las lógicas de proyección del poder territorial y de desposesión y acumulación impuestas por las castas político-económicas y castrenses chilenas a través de su Estado, cerrándose con vulgares discursos patrioteros a negociar de buena fe con el Gobierno de Evo Morales una salida soberana de Bolivia al mar, ME-O, el precandidato puntero en las encuestas y proclive, en campañas anteriores, a un tipo de entendimiento sobre el tema con el país hermano, continúa brillando por su ausencia.
La casta política y la plaga de burócratas mediocres que abarrotan el aparato estatal se han transformado en un peligro para Chile, así lo demuestra el fallo de La Haya.


Como si les faltara para la cuota, el gobierno de Michelle Bachelet agrega a sus estruendosos fracasos a la cabeza del gobierno, el que corresponde a su política exterior.