Todas aquellas promesas de salarios dignos para hacer bajar algunos peldaños a la extrema pobreza no suceden ni tampoco será posible.
Chile seguirá siendo un país pobre y subdesarrollado donde la repartición de los beneficios se concentra en algunos grupos económicos, en el Chile de seis manzanas como dijera alguno. De la marginalidad no se sale con los trabajos informales que son miles y miles, ni menos con contratos por horas y precariedad laboral extrema.

¿Habrá prueba más trágica mente elocuente, indignantemente dolorosa, ignominiosamente vergonzante del fracaso de la transición y de sus sostenedores de la Concertación/Nueva Mayoría, que la existencia pública de una diputada como Camila Flores? 

Grupúsculos de mercenarios atacan y amenazan a dirigentes sindicales y sociales. Ese mismo prólogo fue el que despertó en 1983 a una fuerza imparable: los trabajadores organizados, quienes mueven un país, pero también pueden detenerlo. 

Así como no hay verdaderos liberales en el Chile del siglo XXI, sí hay, y muchos, socialdemócratas. Socialdemócratas desperdigados desde la DC hasta el PC y el Frente Amplio, pasando por el PPD, el PS y hasta el PR. Ellos podrían ser un gran obstáculo al extremismo de derecha que crece en Europa, en Iberoamérica y en Chile.
Nulo valor tiene la visita del hijo de Bolsonaro a Chile.