
El historiador Marc Bloch decía que los historiadores eran “unos jueces de los infiernos”, título utilizado por Manuel Vicuña para la biografía acerca de don Benjamín Vicuña Mackenna. El trabajo del bibliotecario – o archivero – y el del historiador se diferencian en que el primero se conforma con la existencia del documento para establecer la verdad de un hecho, por el contrario, el historiador lo somete a una crítica profunda y, además, emite juicios acerca de períodos y sobre actuación de personajes históricos – es una especie de “juez de los infiernos -.
“Una tarde de noviembre, cerca de la desembocadura del río Sin Nombre en el Pacífico, un hombre y un perro, de pie uno, echado el otro, parecían vigilar sobre una roca las entradas de los estrechos que forman allí las islas del archipiélago. La soledad y el silencio cercaban al hombre y al perro: al frente, el mar y las islas; a sus espaldas, los altos picachos nevados y las tierras inexploradas aún. Parados sobre la roca, agitados por el viento y salpicados por el rocío de alguna ola que reventaba con fuerza, vigilantes, inmóviles, eran lo único humano que alentaba, por allí.”

Luego de mantenerse durante 8 meses al frente de la preferencia electoral, la polémica precandidatura del millonario Donald Trump hace crecer la inquietud dentro de un importante sector del Partido Republicano.


Casta de parlamentarios y dirigentes de tiendas partidistas, así como dirigentes de gremios patronales, manifiestan temor real por reacción de la ciudadanía ante corruptelas y colusiones. Unos huyen del país, otros quieren repetir lo realizado entre 1970-73
Mucho se ha dicho y escrito en estos días sobre la figura de Patricio Aylwin. Ha habido un gran esfuerzo desde el status quo en engrandecer su figura y minimizar y relativizar sus responsabilidades históricas. Nuevamente en un ejercicio de consenso, la clase política ha salido en coro a resaltar las virtudes republicanas y como estadista de don Patricio Aylwin.