
Una pandilla de bandidos tomó por asalto la presidencia de Brasil. La integran tres actores principales: por un lado, un elevado número de parlamentarios (recordar que sobre unas dos terceras partes de ellos pesan gravísimas acusaciones de corrupción), la mayoría de los cuales llegó al Congreso por una absurda legislación electoral que permite que un candidato que obtenga apenas unos pocos centenares de votos acceda a una banca gracias a la perversa magia del cociente electoral
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La larga crisis brasileña, que algunos dicen que ha empezado con las manifestaciones callejeras de junio de 2013, otros que recién concluidas las elecciones de 2016, gana contornos definidos, conforme desemboca en un golpe blanco. No se puede decir que todo ha sido meticulosa y fríamente calculado, pero es cierto que han terminado siendo piedras de la arquitectura de una estrategia golpista con el objetivo, a como sea, con quien sea, de sacar al PT del gobierno.



La Sra. Bachelet viaja por Suecia, oficialmente, cuando en Chiloé humean las barricadas, el país está cortado, hay personas que no se pueden mover hacia el continente, florecen las antiguas ollas comunes (habituales en dictadura) y el gobierno democrático está a un tris de reprimir de manera violenta. Seguirá viaje a Reino Unido. No viaja por una obligación ineludible con la ONU o con la Unión Europea. No la espera un rey que está a punto de abdicar o una reina enferma de enfermedad terminal. Viaja, principalmente, para reunirse con inversionistas europeos que pueden estar desconfiando de Chile; las reuniones con ellos son postergables.
La concentración del poder en Santiago no sólo mantiene en situación dependencia y humillación a las regiones del país, sino también termina por afectar a la Región Metropolitana. El sistema político chileno tal como lo vivimos hoy no aguanta más: al poder monárquico del Presidente o Presidenta de turno se agrega un centralismo arcaico, que ha llegado a situaciones cada vez más críticas.