Recientemente la Presidenta Bachelet ha interpuesto una querella por injurias contra la Revista Qué Pasa por una publicación que la involucró en una noticia que resultó ser falsa sobre su participación en la solicitud de un crédito para su nuera. El caso ha suscitado una fuerte controversia en la que han intervenido Premios Nacionales de Periodismo importantes figuras de los medios y la academia.

Existe, lo vemos todos los días, está enraizada en los patrones de crianza, en el sistema patriarcal, en los factores socioculturales: la violencia contra las mujeres es real y también se acepta algo como natural en nuestra sociedad misógina y machista. Para la violencia de género no existen fronteras territoriales ni distinción de clase social, color, credo y grado de escolaridad. Es imperceptible debido a que es solapada.

Suscribo con todas sus letras el título de esta nota, la encontré recientemente a raiz de la polémica demanda de Michelle Bachelet en contra del director, el editor, y dos periodistas responsables de la publicación de la revista Qué Pasa de una escucha telefónica de uno de los implicados en el caso CAVAL que acusaría gravemente a la presidenta de Chile:

En regímenes políticos como el parlamentario o el semipresidencial la querella de parte de una autoridad contra los medios de comunicación carecería de importancia e impacto – a Mariano Rajoy no se le ocurriría querellarse por las múltiples acusaciones de la prensa; lo mismo ocurre en el caso de la Infanta Cristina; el Presidente de Francia, Francois Hollande, no se lanza contra los medios de comunicación a pesar de las denuncias respecto a su vida privada -, pues a ningún ciudadano se le ocurriría decir que la libertad de prensa estaría en peligro por una simple querella judicial por el eventual delito de injurias y calumnias.
Altos funcionarios de inteligencia estadounidenses informaron a un grupo de importantes medios de su país que Venezuela está al borde de un colapso posiblemente violento, una posible implosión política generada por el deterioro de las condiciones económicas, admitiendo que Washington tiene poca influencia o poder para incidir en el asunto.