
El plagio de personas inocentes es un brutal atropello a los derechos humanos, por consiguiente es éticamente inaceptable, igual que las guerras, la tortura, la desaparición de personas y las confesiones bajo presión. En este plano, no hay justificación ideológica que lo avalen: es tan brutal el fascismo, como el totalitarismo del Estado estalinista. Personalmente, he sido siempre partidario de la rebelión moral no violenta, razón por la cual rechazo toda forma de militarismo; jamás los fines justificarán los medios.

En los debates presidenciales, en general, no se ha vuelto a repetir el KO que le asestó John F. Kennedy a Richard Nixon, por consiguiente, si mucho más público participa de ellos a través de las redes sociales, el resultado, por lo general, a ser por decidido por puntos que conceden las encuestas y los especialistas en temas relacionados con la probidades electorales.




El partido del orden – el duopolio, la plutocracia – sabe que, al final, terminará elegido el más pillo de todos los candidatos, el inefable Sebastián Piñera. Si por si acaso los ciudadanos llegan a darse cuenta de que este prohombre es rey de la mezcla entre negocios y política, buscarán a otro similar al primero, también amado por los empresarios, Ricardo Lagos – en el fondo, da lo mismo el uno que el otro -.