
El Estado no falla cuando se trata de cazar mapuches, apalear niños y financiar zánganos. Pero cuando se trata del homicidio de casi mil niños, entonces ahí el Estado falla. Ahí somos todos responsables.
Archivo periodístico 2005–2019

El Estado no falla cuando se trata de cazar mapuches, apalear niños y financiar zánganos. Pero cuando se trata del homicidio de casi mil niños, entonces ahí el Estado falla. Ahí somos todos responsables.

El presidente de la región de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, pronosticó ayer un camino escabroso para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tras la forzosa renuncia de su secretario general, Pedro Sánchez.

Los movimientos sociales de nuestro hemisferio están en un momento crucial. Las fuerzas conservadoras y reaccionarias del continente han lanzado una ofensiva de derechas en toda América, incluyendo fórmulas electorales como en Argentina, golpe de Estado en Honduras, Paraguay y Brasil, y desestabilización y rupturas de las instituciones en otros países. Sobre ese nuevo escenario quieren imponer al sindicalismo y a los movimientos sociales la lógica de “negociar para perder menos”. Ese sería un camino totalmente equivocado para los sectores populares. La resistencia debe ser parte del relanzamiento del ciclo progresista, superando sus límites. Tenemos mucho para defender y aún mucho más para conquistar.

El resultado del plebiscito colombiano reveló la profundidad de la polarización que, desde el fondo de su historia, caracteriza a la sociedad colombiana. También, la grave crisis de su arcaico sistema político incapaz de suscitar la participación ciudadana que ante un plebiscito fundacional -¡nada menos que para poner fin a una guerra de más de medio siglo!- que apenas si logró que una de cada tres personas habilitadas para votar acudiera a las urnas, una tasa de participación inferior a la ya de por si habitualmente baja que caracteriza a la política colombiana.

Hay varios derrotados a raíz del plebiscito por la ratificación del Acuerdo de Paz, suscrito entre el gobierno del Presidente, Juan Manuel Santos y el líder des FARC-EP, Rodrigo Londoño. En primer lugar, Colombia queda desprestigiada ante la opinión pública internacional, demostrando la incapacidad de sus ciudadanos por confirmar un proceso de paz, que tuvo un enorme apoyo mundial; en segundo lugar, la confirmación del agotamiento fin del sistema político colombiano que, con el 65% de abstención marca un récord en las ya altas tasas de abstención en las anteriores elecciones de ese país, lo cual confirma mis anteriores dudas sobre la validez de la democracia electoral cuando sólo participa un tercio del universo de votantes, con el agravante de que en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 se decidía un paso trascendental para el destino de la paz luego de 52 años de guerra; en tercer lugar, los líderes de líderes de la opción triunfante del primer domingo de octubre no esconden, que junto con haber desahuciado el pacto de Paz persiguen, además, poner fin al gobierno de José Manuel Santos, ya bastante impopular internamente.

La delincuencia –una parte de ella- fue oficialmente trasladada por el duopolio y sus socios empresariales, vía SERVIU, desde las metrópolis al interior, al Chile profundo y campesino.

En una impactante entrevista que leemos en la última Revista del Sábado de El Mercurio observamos nítidamente las sórdidas condiciones económicas sociales y culturales que llevan a tantos niños y adolescentes en nuestro país a convertirse en delincuentes comunes.
Una funcionaria avisa que durante diez años han muerto casi mil niños que estaban a cargo del Estado. Y no pasa nada. Y a nadie o a muy pocos parece importarle. Y no hay cadena nacional, ni luto oficial. El mundo sigue andando

El Partido Popular (PP) volverá a gobernar España los próximos cuatro años. La decisión, paradojalmente, la tomó un Comité Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), su tradicional adversario electoral.
Por 132 votos contra 107 decidió eliminar el último obstáculo que impedía a Mariano Rajoy ser investido Presidente del Gobierno: el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.
Latinoamérica sigue llorando sangre, ¿cuántos siglos agonizando? El No en Colombia es el resultado de décadas de manipulación mediática, se ha aplicado al centavo la agenda particular del Plan Cóndor en el país con las modalidades del tiempo y tecnología.