Jugar con la DC es correr un alto riesgo: si pierdes te traiciona.
Ha sido así desde que el mundo es mundo. Sin ir más lejos el lúdico Allende quiso jugar a democrático y en breve la DC impulsó el golpe de Estado, asesoró y defendió a Pinochet en Chile y el exterior, dispuso cuadros para la gestión de su gobierno y entregó a mucha gente perseguida.



La atomización del poder de los ciudadanos se inició como un proceso sistemático a nivel planetario que ha ido traspasando gran parte del poder que le corresponde a los ciudadanos cada vez que vota. La normativa legal, tanto nacional como internacional, que canalizan hacia la aristocracia política y financiera las decisiones que nos corresponden, respecto de asuntos que son vitales para nuestra vida. Ahí están los tratados de libre comercio, los acuerdos bilaterales, las concesiones mineras, los derechos de agua, los desechos tóxicos, etc.
Estas últimas elecciones municipales (para qué engañarnos) eran una especie de crónica anunciada, ¿verdad que sí? Se sabía que la abstención sería alta, por sobre el 60%, así como también existía una razonable dosis de certeza respecto de la baja electoral de la Nueva Mayoría. Por ello, lo ocurrido el domingo 23 de octubre no puede haber extrañado a nadie… al menos, a nadie que estuviese medianamente informado.
La única interpretación posible de por lo menos el 65% de abstención ciudadana en las elecciones municipales de ayer, la cual incluye los más de 900 mil ciudadanos que no concurrieron a votar y que sí votaron el año 2012, es que a quienes se abstuvieron les importa un bledo quién gane.
La pérdida de referentes y la banalidad en el quehacer político son dos ingredientes para convertir un país en irrelevante. España transita en esa dirección. Vive anclada en su gran imperio de ultramar, en la leyenda rosa o negra. Así, en medio de una crisis de desigualdad y exclusión social, en Cataluña un sector de la izquierda parlamentaria solicita retirar la estatua de Cristóbal Colón (sic).
Los incidentes que han rodeado aquel evento que podemos nominar como el Caso Garay expresan de manera real y también simbólica el actual momento que vive el país. Rafael Garay es un producto no sólo de los medios y la liviandad del espectáculo, sino es también una creación propia de una sociedad e institucionalidad basada en el dinero y el lucro, la publicidad y el marketing. garay era el bien de consumo perfecto en el mercado neoliberal: alta rentabilidad sobre una simple imagen. Como una representación viralizada.