Según Max Weber, el Estado tiene el monopolio de la coerción legítima. En muchos casos, en América Latina particularmente, las instituciones que aplican la fuerza se han convertido en la sede principal de la corrupción y de la ilegalidad.
Archivo periodístico 2005–2019
Según Max Weber, el Estado tiene el monopolio de la coerción legítima. En muchos casos, en América Latina particularmente, las instituciones que aplican la fuerza se han convertido en la sede principal de la corrupción y de la ilegalidad.
Siguiendo el guión pautado por los expertos y estrategos de la CIA especializados en desestabilizar y demoler gobiernos, en Venezuela la contrarrevolución produjo un “salto de calidad”: del calentamiento de la calle, fase inicial del proceso, se pasó a una guerra civil no declarada como tal pero desatada con inusual ferocidad. Ya no se trata de guarimbas, de ocasionales refriegas o de violentos disturbios callejeros. Los ataques a escuelas, hospitales infantiles y maternidades; la destrucción de flotas enteras de autobuses; los saqueos y los ataques a las fuerzas de seguridad, inermes con sus cañones de agua y gases lacrimógenos ante la ferocidad de los mercenarios de la sedición y el linchamiento de un joven al grito de “chavista y ladrón” son síntomas inequívocos que proclaman a los gritos que en Venezuela el conflicto ha escalado hasta convertirse en una guerra civil que ya afecta a varias ciudades y regiones del país. Si algo faltaba para caer en cuenta de la inédita gravedad de la situación y de la determinación de las fuerzas sediciosas de consumar sus designios hasta sus últimas consecuencias el emblemático incendio de la casa natal del Comandante Hugo Chávez Frías pone doloroso fin a cualquier especulación al respecto.
Con casi tres décadas enquistados en el ejecutivo y en el legislativo, los viejos y corruptos tercios de la política chilena se atrincheran para defender la última colina que les va quedando en su poder, dispuestos a dar la que podría ser la batalla final luego de una larga existencia de vida dulce y demasiado bien pagada merced a las corruptelas, amiguismos y traiciones al electorado.
Venezuela está bajo la amenaza directa de un golpe de Estado con intervención estadunidense. Por lo tanto, defender lo que queda de la revolución bolivariana, la constitucionalidad y al gobierno elegido democráticamente, cualesquiera sean sus límites, es una prioridad absoluta.
El filósofo Platón criticaba la democracia griega porque en nombre de ella se cometió la extrema injusticia: la condena a muerte de su maestro, Sócrates. Según Platón, en la democracia ateniense quien realmente gobernaba era una minoría de políticos y demagogos, que abusaban de la incapacidad política del pueblo para tomar decisiones democráticas. Por lo general, los dirigentes políticos eran educados por los sofistas para lograr el poder mediante el halago y el engaño, basados en el arte de la palabra – el teatro, para Platón juega un rol fundamental en la política – y son, por principio, demagogos y ambiciosos de honores y poder.
Brasil es la más grande potencia latinoamericana, no sólo por su extensión territorial, población y potencial económico, sino también por su influencia política en el Continente. En los años 60, el derrocamiento de Joao Goulart abrió el camino a las dictaduras militares, no sólo en ese país, sino también en el resto de los países de América Latina. Algunos analistas comparan la actual crisis política y económica de Brasil con los peores momentos de su historia, incluido el suicidio de Getulio Vargas.
¿Cómo rezaban esas líneas escritas por Miguel de Cervantes en su obra magna, Don Quijote de la Mancha, novela publicada el año 1605 (la primera parte), y luego, el año 1615 (la segunda parte)? Ah, sí… ya recordé. “La razón de la sin razón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de vuestra fermosura”.
En la discusión de las leyes de Reforma de la Educación Superior debe rechazarse sin ambigüedades el infame artículo de intervención de las Universidades Estatales, que deja en interdicción a las comunidades de estas instituciones. Nada justifica este retroceso autoritario cuando lo que se demanda es mayor democracia.
Patricia Castillo murió la madrugada del sábado 13 en su casona del Cerro Alegre, en Valparaíso.
Tenía 69 años de edad. Muchos hijos y muchos nietos. Miles de amigos. Estaba rodeada de su familia y tuvo tiempo para entregarle a ella sus últimas propuestas, y para despedirse.
En Chile es difícil profundizar en el análisis de nuestra realidad. En el despacho mensual o semanal que hacen los Grupos Económicos con los medios de comunicación masivos, se imponen las noticias que defienden al sistema, las generadas por la industria de la entretención o las que critican las retroexcavadoras. Entre lo ignorado, o no observado en toda su magnitud, se encuentra lo que afecta a las mayorías más débiles, tales como la situación que vive el adulto mayor y el chileno discapacitado o no valente.