En los últimos días, en coincidencia con la decisión de Cambiemos de hacer de Venezuela uno de sus ejes de campaña, fui sometido a un ataque sin precedentes desde las ciudadelas de la oligarquía mediática argentina a propósito de mis opiniones acerca de lo que está ocurriendo en aquel país. Periodistas y académicos unieron sus fuerzas para no sólo disentir con mis ideas sino también para lanzar toda suerte de agravios sobre mi persona.
Te llaman “Dictadura”, esos que nunca vivieron en una dictadura.
Ningún partido político es neutro; ningún partido o movimiento se organiza por el solo interés de hacerlo. Menos aún, si su objetivo es incorporarse a la escena política de la nación. Todo partido representa y defiende, siempre, en ese campo, algún interés de clase o fracción de clase; en consecuencia, sus conflictos internos y eventuales cismas o rupturas no obedecen sino a la sórdida lucha que libran en su interior, y en defensa de lo suyo, tales clases o fracciones de clase.
La opinión pública se informa que ex uniformados torturadores, violadores de los Derechos Humanos, que están sanos y se desempeñan en otras funciones en sectores públicos o privados, cuya función laboral era asesinar a chilenos indefensos, perciben millonarias pensiones llamadas por la prensa “jubilazos”.
A comienzos de marzo del año 2014, se escribió un breve artículo titulado “El Presidente Maduro debería estudiar a Maquiavelo”. Este artículo fue publicado por el diario El Clarín de Chile. En este trabajo se trata de hacer un breve análisis de la situación política venezolana después de la muerte del Presidente Hugo Chávez.
La historia de la izquierda se verá exigida a sumar a sus derrotas, esta que propone con una pasión digna de encomio el Frente Amplio.
Francisco Vidal, insigne operador político de la Concertación-Nueva Mayoría, intenta definir la “posverdad” a su manera. Lo hace para poder jugar con su definición y tácticamente intentar convencer a los sectores de derecha que el gobierno de Bachelet fue bueno, por “los avances logrados” y sin tocarles sus privilegios.
Con un solo tiro la senadora magallánica resolvió dos problemas que la apremiaban desde el sábado 29 de julio. Por un lado, con su decisión de confirmar su aspiración presidencial desarticuló todo cuestionamiento respecto a su liderazgo como jefa del Partido Demócrata Cristiano, tomándose a pecho las facultadas propias del cargo, al descartar la repostulación de Ricardo Rincón a la Cámara; y por otro, de una vez por todas asumió su candidatura, la que a partir de ahora, asegura, planteará desde la ciudadanía y el apoyo de sus alcaldes. Con ambos gestos, Carolina Goic demostró no estar dispuesta a cargar con la responsabilidad de descarrilar a la DC –dejándola sin opción de regresar a La Moneda y sumida en una estampida en clave de debacle–, ni tampoco ponerse al alcance de quienes querían su cabeza como trofeo.
En los últimos días la candidatura tambaleante de la DC a la Presidencia se afirmó. Seguirá y seguirá tambaleándose. El problema de la DC chilena, multicausal, no se llama o se llamaba Rincón. Se llama hoy Merkel. Y oportunismo. Y zigzagueo. Y síntomas de corrupción. Y carúnculas. Mañana se llamará de otra manera. Son varios y diversos los pisos que se recorren cuando uno se precipita de la altura a la tierra.
La migración forzada es una tragedia que parte en dos a las familias que la viven. Es una pérdida total, una pérdida irreparable, porque no hay remesa que logre llenar el vacío de la ausencia, y no hay para quien migra, sosiego alguno; la añoranza es una herida abierta que sangra constantemente en el infortunio de ser extranjero y explotado, estar lejos de lo que más se ama. No hay reparo para el alma de quienes son golpeados por esta vejación, producto de sistemas fallidos, corrompidos y opresores.