No hay conocimiento ni información que permita poder hacer una comparación entre los actuales niveles tan elevados de corrupción que han tocado a casi todos los gobiernos latinoamericanos. Un largo listado de nombres que instalados en el poder o presidenciables que aspiran a llegar a la alta esferas caen embrujados bajo el fino aroma de los dólares, que no son pocos.
1.CONDENADO SOBRINO
En un régimen presidencialista ser oposición en una ardua tarea: el Ejecutivo tiene poderes, que podríamos llamar absolutos, reduciendo al Congreso a su más mínima expresión. La monarquía presidencial conlleva un grave peligro para la democracia, pues si el rey o la reina devienen en un ser desastroso, o bien, a causa de una baja moral o una ética discutible, terminan por hundir la democracia, (es el caso del Presidente Kuczynski, en Perú).

La elección de Donald Trump es solo una manifestación de las fuerzas que tienen a la sociedad estadounidense dividida, crispada y confundida. Los grandes problemas de ese país son conocidos: desigualdad, racismo, terrorismo, dificultad para llegar a acuerdos políticos, menguada influencia internacional.
Debo decirlo.Todos se enteran. El nuevo Presidente reitera sus gags y sus tics, sus salidas impertinentes, sus frecuentes lapsus históricos y de observación de la realidad, y su trato grosero con el sexo femenino y con su propia mujer. Más encima está cayendo en lo que podríamos llamar “peligrosos lapsus ideológicos”.
En la edición del 14/03/18 de El Mercurio se publica la noticia “Terminal de cruceros de Valparaíso corre riesgo de demolición a dos años de ser construido”, reproduciendo la opinión de una abogada porteña y de Rodrigo Avendaño, abogado de la fundación Defendamos la Ciudad
Jaime Campos ha sido el ministro más descriteriado del Gabinete de Michelle Bachelet, y para ostentar este récord hay que hacer muchos “méritos”; por su parte, Michelle Bachelet tuvo muy mal gusto para elegir sus secretarios de Estado. En medio de esta intriga, la Presidenta ha quedado en muy mal pié, pues nadie puede explicarse cómo una mandataria con tanto poder que le confiere la Constitución – como monarca elegida – no exigió, de inmediato, la renuncia de este secretario de Estado que se negaba a obedecerla, que puede deberse a una notable debilidad de carácter, o bien, temor a su ministro, también miedo a los militares.