Sobre la teoría del conocimiento se ha escrito una enormidad. Uno que es lego sólo ha podido leer lo que se puede entender, pues los textos más medulosos son tan intrincados y abstrusos que uno no tiene más que lanzar la toalla y retirarse en derrota. Pero de estas lecturas algo queda claro: el hombre ha andado a tientas buscando sabiduría, con el fin de dar respuestas satisfactorias a sus infinitas necesidades y demandas físicas tanto como espirituales.
Creer que el patriotismo consiste en llevarle el amén al Presidente y al ministro de Relaciones Exteriores de turno me parece una insensatez: la política internacional no tiene que ser forzosamente ser una política de Estado y rendir culto a un pensamiento único. Que se reúnan los ex Presidentes y ex Cancilleres cada vez que Chile tenga un conflicto no es óbice para avalar una pésima política internacional del Hotel Carrera.

Pedro Pablo Kuczynski, presidente de Perú, manifestó hace un año ante una audiencia universitaria estadunidense, que Washington no se ocupa de América Latina porque ésta es como un perrito echado en la alfombra

El tema de la corrupción, un problema permanente a lo largo de la historia de la humanidad, nuevamente está en escena. Obviamente gravita la exposición mediática que ha adquirido ante la magnitud y extensión con que hoy se manifiesta, pero como de por medio priman cálculos políticos, poco se habla de las causas estructurales y sus expresiones tangibles, como los intocables paraísos fiscales, por ejemplo.
Más allá del penal de PuntaPeuco, medida que debió tomar Bachelet el primer día en que asumió por segunda vez la presidencia del país, el asunto fundamental actual es el precario estado en que se encuentra el Movimiento de Derechos Humanos en Chile.
Mientras millones de cubanos se alistaban para participar en la segunda etapa de las elecciones generales, sectores de la derecha internacional renuevan las acciones desestabilizadoras contra la isla y su revolución.
El problema de América Latina es la corrupción, pero no la corrupción “a secas”, sino especialmente aquella asociada a los gobiernos progresistas o posneoliberales
El domingo, 11 de marzo, se elegían 176 Representantes y 102 Senadores. En la Cámara Alta, Uribe obtuvo la mayor votación individual, con más de 800 mil votos; le siguió el Ecologista Verde, Antana Mockus, con cerca de 500 mil sufragios; por partidos políticos, en Centro Democrático obtuvo 16,41%, con 19 senadores; el Centro Radican, del candidato Germán Vargas Lleras, con un 14,7%, y 16 senadores; le sigue el Partido Conservador, 15 senadores; el Partido Liberal, con 14 senadores; el Partido de la U, con 14 senadores; lo Verdes, con 10 senadores; el Polo Democrático, con 5 senadores; el Partido de la Decencia, (apoya a Petro); la gran derrotada, el Partido FARC, con sólo 85 mil votos, (sumaría cinco que le concede el Acuerdo de Paz).