
Antiguamente, cuando la DC era un partido progresista, a la derecha la gustaba echarle en cara que eran “compañeros de ruta” o bien, tontos útiles al servicio del comunismo – seguramente en un viaje Santiago-Puerto Montt “sólo llegaría hasta Chillán” -. Al ex vocero Francisco Vidal, le encanta acusar de “pionetas” a los derechistas que aleonan a los camioneros. En el caso de la Democracia actual, convertido en un partido reaccionario, muy lejos de los principios que inspiraron a este partido, el famoso dicho de “compañero de ruta” es completamente distinto y, con todo respeto, los comunistas en el mundo tienen ahora muy poco peso, una vez terminada la guerra fría, y sólo los paranoicos derechistas le tienen miedo – lo que equivale a decir que no entienden nada de lo que está ocurriendo y así, se suman a la caterva de analfabetos políticos -.
Salvo el período histórico de lucha de clase contra clase, el Partido Comunista chileno ha privilegiado la integración a la democracia parlamentaria por sobre una ruptura respecto a ésta. A partir del V Congreso de la Internacional, celebrado en la entones URSS, los partidos comunistas de todo el mundo priorizan la alianza con los socialdemócratas – antiguamente motejados como “social traidores” – formando los llamados “Frentes Populares” que, en los casos de Francia, España y Chile, se ampliaba a los partidos republicanos burgueses. Cuando la Unión Soviética fue invadida por los nazis, (1941), los Frentes Populares pasan a llamarse Uniones Nacionales, una alianza aún más amplia que abarcaba, incluso, partidos de derecha – en Chile, la candidatura del radical Juan Antonio Ríos Morales y, posteriormente, la de Gabriel González Videla -.
El historiador Mario Góngora escribió acerca de las planificaciones globales: la Revolución en Libertad, de Eduardo Frei Montalva; la de “con empanadas y vino tinto, de Salvador Allende; la del ultra neoliberalismo, de Augusto Pinochet, con la consiguiente destrucción del Estado y tiranía del mercado – de esta última visión de la historia de Chile surgen las obras, ensayos y otros escritos, sobre la crisis del modelo -. Como ocurre casi siempre en Chile, las adaptaciones de teorías extranjeras a la realidad nacional tienen algo de bastardas, por ejemplo, el corporativismo fascista neoliberal que se impuso en Chile durante la dictadura – y que continuó con los gobiernos de la Concertación – en muchos aspectos no cumple con las ideas de los padres fundadores del neoliberalismo, pues a F. Hayek no se le hubiera ocurrido jamás salvar a los bancos de la bancarrota, por el contrario, los hubiera dejado quebrar.



En algunos casos, la voz del pueblo no es la voz de Dios: la mayoría de los ciudadanos, por ejemplo, es partidaria de la aplicación de la pena de muerte, no por esta razón el crimen de Estado contra una persona inerme va a ser éticamente aceptable; es cierto que más del 80%de los chilenos encuestados asume una posición chauvinista al no ser partidario de un acuerdo directo con Bolivia. En este plano, me atrevo a convertirme en enemigo del pueblo – para usar los términos de Ibsen – y desarrollar una propuesta de diálogo entre estos dos países en conflicto que nos permita reubicarnos en el latino americanismo, al cual aspiraba Francisco Bilbao.