En los debates presidenciales, en general, no se ha vuelto a repetir el KO que le asestó John F. Kennedy a Richard Nixon, por consiguiente, si mucho más público participa de ellos a través de las redes sociales, el resultado, por lo general, a ser por decidido por puntos que conceden las encuestas y los especialistas en temas relacionados con la probidades electorales.

El partido del orden – el duopolio, la plutocracia – sabe que, al final, terminará elegido el más pillo de todos los candidatos, el inefable Sebastián Piñera. Si por si acaso los ciudadanos llegan a darse cuenta de que este prohombre es rey de la mezcla entre negocios y política, buscarán a otro similar al primero, también amado por los empresarios, Ricardo Lagos – en el fondo, da lo mismo el uno que el otro -.
La llamada Guerra de la Independencia no fue más una guerra civil entre españoles peninsulares y los nacidos en América. Francisco Antonio Encina, historiador plagiario, afirma que esta verdad es de Perogrullo. El jefe del ejército chileno se formó de la leva forzosa de los peones, a punto de lazo y violencia. En Chillán los mapuches se aliaron con los bandidos Pincheira y los Benavides, pues previeron muy bien que el ejército chileno iba a mostrarse más despiadado que los mismos españoles.
Don Ramón Barros Luco era un personaje afortunado: le cayó un ministerio, cuando comenzaba su larga carrera funcionaria, por el solo hecho de pasar bajo el balcón del Palacio de La Moneda, cuando el Presidente de la República de ese entonces, don Federico Errázuriz Zañartu, no tenía ningún postulante al cargo. En 1910, ya anciano, fue elegido Presidente de la República por unanimidad, al no haber contendor y, para más exageración, llamaba a ese cargo “un empleíto sumamente fregado”.
Definitivamente, Chile es el equivalente a “Tontilandia”, (vocablo inventado por el gran periodista Genaro Prieto). Un día, el gerente de CODELCO, Nelson Pizarro, empleando el lenguaje común de los mineros, declara que ya “no hay ni un puto peso”, y todos los “tontilandeses” nos creemos este cuento de terror.