Chile es un país de imitadores y siempre les llega con retraso las experiencias europeas: Carlos Ibáñez del Campo trató de copiar la dictadura del español Miguel Primo de Rivera y sólo le faltó el apoyo de un Francisco Largo Caballero; El Frente Popular chileno, encabezado por Pedro Aguirre Cerda, fue la única experiencia en América Latina en seguir la experiencia española de 1936, y la francesa, del mismo año, de León Blum. La Democracia Cristiana chilena está inspirada en la de Europa – Italia, Francia, Alemania -.
En el año 1903 hubo en Chile un auge de esplendor de las Acciones en la Bolsa de Comercio. El tren de Santiago a Valparaíso se demoraba más de tres horas, y se detenía en la Estación de Quillota donde la gente aprovechaba para disfrutar de los sándwiches de palta de La Cruz.
Como en ninguna elección presidencial hasta ahora, hay tantos candidatos socialistas y de sus primos, los PPD, lo cual se hace tan difícil buscar la forma equitativa para elegir el abanderado de esas colectividades que se presenten a las primarias de la Nueva Mayoría, incluidos Alejandro Guillier y, posiblemente, un candidato democratacristiano. En cuanto a la eventualidad de un candidato comunista, aún nada sabemos.
En el Chile monárquico-plutocrático hay momentos en que el avión funciona con el piloto automático: desde el fatídico febrero de 2015, la reina todopoderosa decidió dejar de gobernar y, muy inteligentemente, tomar el camino de los periplos a países remotos, cuyo encanto le permite olvidar la traición de sus los partidos políticos que la apoyaban – principalmente de la Democracia Cristiana – y los avatares del proceso contra su nuera.
Tres grandes personajes marcan mis recuerdos de infancia: Émile Dubois quien de asesino pasó a ser un santo, incluso con su animita, muy visitada en Valparaíso; Guillermo Beckert, el jefe de la legación alemana en Chile, descubierto a través de la dentadura del occiso, Exequiel Tapia; el “Tucho” Caldera, un asesino bien letrado y, en extremo, inteligente. Si hubieran existido programas de farándula y matinales como ahora, estos tres criminales se hubieran convertido en centro de la programación televisiva.
Estos dos personajes están irremediablemente hermanados por ser economistas reputados, con sendos posgrados en finanzas, aunque al primero ya le retiraron el título de economista y, al segundo, la opinión pública y los periodistas a su servicio – son casi todos – lo protegen y le agregan el “honorífico” título de “mago de las finanzas” que, en 1938 perteneciera a Gustavo Ross Santamaría.
Cuando Michelle Bachelet caía en picada en popularidad por culpa de su hijo y nuera, del caso Caval, Sebastián Piñera declaraba que, afortunadamente para él, en su familia no existía ningún problema de esa índole.
Nada más acertada la frase de Allamand, dirigida a su amigo personal, Sebastián Piñera Echeñique, cuando se postulaba como candidato presidencial por la derecha. Ahora, pedir a Piñera que deje de ser un activista de los negocios, va contra su naturaleza ambiciosa y de ludópata incorregible, pues es más fácil sanar va un drogadicto o un alcohólico que a un jugador empedernido.
Se ha puesto de moda buscar comparaciones con el electo Presidente de Estados Unidos, Donald Trump: para algunos representantes del partido del orden, en Chile, todo lo que no huela a neoliberalismo y duopolio es, simplemente, populismo, que se encarna en los principios de Donald Trump.
En la posguerra, las Democracias Cristianas europeas que ocuparon el poder en varios países, principalmente en Italia y Alemania, jugaron el papel designado por los yanquis de detener la avanzada de los movimientos comunistas que amenazaban con triunfar electoralmente.