Obama va a terminar sus ocho años de gobierno con un balance de luces y sombras: entre los aciertos, en primer lugar, el haber sorteado la más grave crisis económica después de la de 1929; en segundo lugar, la creación e implementación del proyecto de salud Obamacare; en tercer lugar, la política de apertura con Cuba, que culmina con “el pie mojado, el pie seco”. Entre lo más opaco de su gobierno se cuenta la expulsión de 2.600.000 inmigrantes – novecientas personas por día – además de su errática política internacional.
El centro político, al igual que las capas medias, es muy difícil de definirlos: en 1970, Norbert Lechner, en su libro La democracia en Chile, usó las categorías planteadas por Max Weber, de partido ideológico y partido de patronazgo, para diferenciar a la Democracia Cristiana del Partido Radical. Según este autor, los radicales serían un partido de patronazgo, es decir, orientado en primer lugar a la conquista del poder y, en segundo lugar, a la instalación de sus militantes en cargos de la administración pública. El radicalismo, según mi parecer, se identificaba con “el pituto o muerte”, hacia los años 50. La Democracia Cristiana, por oposición, era un partido ideológico en que el mesianismo predominaba sobre las soluciones pragmáticas; el énfasis se centraba en la proposición de un nuevo sistema político y el cambio de las normas que rigen la sociedad sobre las gratificaciones inmediatas. (Lechner, 1970:73).
El país azteca está a punto de convertirse en un Estado inviable: su Presidente, Enrique Peña Nieto, además de su gobierno ostentar el record de corrupción, los partidos políticos, principalmente el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el gobierno, están desprestigiados, y la mayoría de los políticos son odiados por la opinión pública.
Mientras más se desprestigia la clase política, cuando más los ciudadanos no creen en partidos e instituciones, cuando más anomica y analfabeta se sigue tornando la sociedad civil, cuando los abstencionistas suman más del 60% del universo electoral, cuando estamos convencidos de que las encuestas son un fraude para engañar a los ciudadanos, más crece el apoyo a la candidatura de Alejandro Guillier, ya proclamado por el Partido Radical y acompañado por oportunistas sempiternos, entre ellos el técnico electoral Pepe Auth, y algunos otros de diversos partidos que están volviendo al seno de la casa paterna, como el diputado Tucapel Jiménez.
Es un abuso golpear a un pobre anciano: así está ocurriendo con el periodista y ahora senador, Alejandro Guillier y el ex Presidente, Ricardo Lagos Escobar. La lanzada a la piscina sin agua no le ha resultado a Lagos, y sólo dejó felices a los pateros de siempre y a los bolseros de la Concertación, como también a empresarios bancarios, que siempre lo han estimado tanto como a su caja fuerte.
Si la abstención supera el 50%, como es de prever, la validez de cualquier encuesta de opinión es bastante discutible de ahora en adelante es discutible, pues tiene un nulo valor predictivo. Durante estos últimos días – fines de diciembre y comienzos de enero – hemos conocido cuatro resultados de encuestas, realizadas por CADEM, Adimark, CERC-Mori y CEP.
En Francia, como en Chile, han adoptado el sistema norteamericano para definir los candidatos presidenciales. La derecha del Partido Republicano tuvo éxito por el empleo de este método, pues votaron cuatro millones de ciudadanos, en su mayoría adultos mayores y, además, de algunos pertenecientes a las comunas más adineradas de Francia. La gran sorpresa fue la derrota del ex Presidente, Nicolás Sarkozy, a quien no le queda otro recurso que retirarse a sus cuarteles de invierno.
El propósito de Renato Garín no se limita al estudio del lobby y su necesaria regulación: la tesis central, según el mismo autor, es el estudio del comportamiento de la casta plutocrática y la relación entre los negocios y la política que, en gran parte, tiene como hilo conductor la intervención decisiva de los famosos lobistas – en nuestro país representados por Enrique Correa, Eugenio Tironi y otros importantes líderes del extinto MAPU que, en mis tiempos mozos, era un partido marxista para “gente bien”-.
No hay nada más abominable, cruel y clasista que la cárcel: entre el trato a los presos en Punta Peuco y el que se les da a los pobres reos en las cárceles comunes es similar la diferencia entre el cielo y el infierno. Para los verdugos, autores de crímenes de lesa humanidad y que sirvieron a un régimen genocida hay una trato respetuoso y, para los presos comunes, insultos, indignidad, hacinamiento y condiciones infrahumanas.
El mito de la probidad política en Chile del siglo XIX, no sólo se debe a la idolatría al legado de Diego Portales concebida historiador Alberto Edwards, quien usando terminología spengleriana sostenía que este famoso Ministro – primero de José Tomás Ovalle y luego de Joaquín Prieto – fue nada menos que el constructor, según Edwards, del “Estado en forma”.