Cuando estudiaba en el Archivo de Indias, en Sevilla, empeñado en realizar mi tesis sobre La influencia de la Ilustración española en la independencia de Chile, me aficioné a las corridas de toros que, en tiempos de ferias, se concentraban los mejores de España. En un tercio, un chaval se demoraba, en la práctica, una hora para matar al toro; en el Club México había boxeadores que se niegan a golpear a su rival y, como táctica, recurren a los permanentes abrazos. En esta segunda vuelta tenemos a dos contendores, malos candidatos los dos , además, perdedores en el favor popular. Piñera es un tipo vacío y que sólo sirve para repetir consignas como “arriba los corazones y vendrán tiempos mejores” y, por su parte, Guillier no se atreve a encarar a su ex patrón como es debido. De todas maneras, tendremos un Presidente más tonto que el “cara de alicate” Carlos Ibáñez del Campo.
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