Ante la derrota catastrófica de Alejandro Guillier, ahora han aparecido, como callampas, varias derechas: la “rabanítica”, de Joaquín Lavín; la socialcristiana puentealtina, de Manuel José Ossandón; las “aventuras en el desierto, de Andrés Allamand; la derecha moderada, de Felipe Kast; la de los empresarios “altruistas, del ministro de Desarrollo Social, y otras cuantas que van apareciendo con el transcurrir del tiempo.
En la mitología griega existían los establos de augia, atiborrados de excrementos, y el quinto trabajo de Hércules consistía en limpiarlos y, para lograrlo, desvió el curso del río Alfi. El mismo escritor, Gonzales Prada, decía que “los peruanos ni aman, ni odian, sólo olvidan”.


Donald Trump, además de ser el personaje modélico para definir la enfermedad del narcisismo, es también todo lo contrario del delirio de persecución: en su marcada inseguridad, está convencido de que todos lo adoran
Viví diez años, como exiliado, en Francia. Gracias al valor del Presidente de la República, Salvador Allende, que murió en la lucha – a diferencia de muchos otros líderes que huyen, y bien apertrechados con el dinero del Estado – y la vida y muerte de Allende provocaron un movimiento de solidaridad sin parangón en el mundo.
Joaquín Lavín es todo un personaje, no sólo en la política chilena, sino también en la vida social, (antes, redactor de las páginas económicas de “El Mercurio” y un ideólogo de la idolatría del mercado), hoy – como Saulo de Tarso – recibió un rayo de luz divina, “camino a la rotonda Atenas”.
No puedo estar más de acuerdo con la carta que firmaron cuarenta políticos chilenos en apoyo a la candidatura de Lula da Silva, que suma a la visita que hará la ex Presidenta, Michelle Bachelet, al ex mandatario brasilero y actual candidato a la primera magistratura.