
El periodista estadounidense Glenn Greenwald, el mismo que obtuvo en Hong Kong las revelaciones de Edwards Snowden para el diario británico The Guardian, sacó a la luz documentos secretos que revelan el espionaje realizado por años al gobierno de Brasil por la poco conocida agencia de espionaje Establecimiento de Seguridad de Comunicaciones de Canadá (CSEC, su sigla en inglés). La hasta ahora desconocida agencia canadiense tiene un presupuesto de 460 millones de dólares y 2.100 empleados.


Desde la Cárcel de Angol, a 37 días de iniciada su movilzación, los presos polítcos mapuche en huelga de hambre, mediante un comunicado público, hacen un llamado “a participar activamente en todas las movilizaciones convocadas para este día miércoles 14 de mayo en nuestro territorio y en distintas ciudades chilenas”
“No hay nada nuevo en la vigilancia política”, escribió Aryeh Neier en el New York Review of Books luego de rastrear el espionaje político del gobierno federal de EEUU desde el establecimiento de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) en 1908. Aunque las revelaciones actuales sobre el alcance del espionaje de ciudadanos de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) difiere de los primeros precursores, lo importante “es reconocer que persisten formas muy antiguas de vigilancia”.

Nos vemos en la obligación de contestar a esta inmobiliaria, la que en su pretendida explicación publicada el viernes 9 de mayo pasado en El Mostrador señaló sin ambages que “el proyecto se emplaza en terrenos de uso habitacional desde el año 2006” agregando que el mismo “se desarrolló desde un principio de acuerdo a la legislación y normativa vigente y con todos los permisos necesarios para su construcción”.
Existe un conocido dicho en inglés que hace referencia al poder de los poderosos: “Too big to fail”, es decir “Demasiado grande para quebrar” (*). En un artículo publicado en español en “Rebelión” (**) Éric Toussaint, doctor en ciencias políticas, experto en deudas del tercer mundo y prolífico autor de libros y artículos periodísticos de izquierda, utiliza un nuevo adagio derivado de aquél y que está de moda en medios anglosajones desde hace un par de años:

Desde el 11 de septiembre de 2001, EEUU presencia un auge de las corporaciones privadas dedicadas a hacer frente a “la amenaza del terrorismo”, en un festín de gasto público con el dinero de los contribuyentes, acelerado por una campaña mediática neoliberal para privatizar el aparato de seguridad nacional tras los ataques terroristas ocurridos (¿o craneados?) bajo el gobierno de George W. Bush, el 11/9/2001.