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Agosto 18, 2026

¡VENCEREMOS!

 Benito Mussolinni en medio de las trifulcas mortales del medio siglo pasado en Italia, se enamora cinco segundos de  una mujer estupenda: “Eva Dasler”. Entre arcos de medio punto y piedras medievales, quizás filmados en Milán,  nace un hijo. Los dos después de pasada la pasión que se dan, tienen al joven Benito.

En el intertanto el fornicamiento entre el nacionalismo/socialismo va tomando cuerpo el fascismo italiano.
Primos del Franquismo y del Nazismo o de los Rodanes balcánicos.

   A medida que el delirio de los Benitos tiene al mundo en el abismo de la guerra y Benito en el poder del balcón, frente a la plaza llena de gente deseosa de creer, de pertenecer.

Algunos tics en la mirada ida, las manos en la cintura, algunas frases de los asesores y de su cosecha.

A medida que Benito el rampante va conquistando el poder, su primer amor y su hijo van volviéndose locos.


Con la soberbia actriz Giovanna Mezzogiorno. Ella se aferra a su identidad como primera mujer de BM y se la transmite a su hijo.

Los regímenes totalitarios gastan fortunas en acicalar las sombras siniestras de los Duces que ensangrentaron el XX.
   Una película escrita y dirigida por este italiano que escribió y dirigió Vincere.


Películas de Charlot que sirven para entretener a los que en el camino de la guerra van quedando lochos mutilados y terminan con las sienes ensangrentadas.

O esos nítidos momentos en que los humanos enloquecen y se matan por el fuego efímero de alguna certeza, por ideas que se hacen neblinas en el transcurso del tiempo.
 
El crítico “Cítrico” me acota en carta sorprendentemente manual  o interrumpida la relectura del texto antes de mandarlo al diario.

Salgo y el cartero aprovecha de cobrarme medio año que le debía pero el placer de la carta + cara que recibo desde hace años compensa con creces.

Pero no nos vamos a ir por el proceso,el hecho es que la carta tenía un título:La neoinquisición. Que la entrega de un territorio al Vaticano por parte de un deschabetado nazi italiano y el sometimiento a la locura a su primer amor y a su hijo, eran “las pruebas” de que los manicomios y cárceles estaban atestadas de brujos y brujas.

neobrujos
Y al segundo tiempo del filme Benito sólo aparece en múltiples fragmentos de sus andanzas en formato Nodo.
O la cabeza de una estua del padre.

Proyectoras que parecer iluminar a los telespectadores desde el filme.

Filme oscuro por donde se le mire.


Según Nacho Corces ”Mejor el guión que también es de Beloccio y bien por la película. Colega de tempo de Bertolucci y antes  de Passolini.Operática a decir basta. Nos presenta nuevamente al mito de Medea”.


Poder para ejercerlo sobre los demás, la maldita guerra que decía mi padre sobretodo si es guerra entre parientes.


Dinero que le da ella para que Benito tenga su diario y la buena nueva de esos años le permita encaramarse a palacio.
-Soy Benito Mussolini!!. Gritaba su hijo natural, primero en medio de compañeros de estudio y luego en la temporada en los manicomios.

Y con la pasión de nuestro señor Jesucristo en la frente del hijo ignorado mientras el padre goza en los interiores dorados del Cenedrín o el Tacmajal o como se llamen esos distantes lugares que nos han marcado la piel con la señal de la cruz.

A veces mirando a su padre en discursos en blanco y negro. Los Benitos, Adolfos, Augustos y José.

El padre ausente a la mitad del filme ya sólo se le ve en estatuas y nodos de propaganda.

 Be destapa “la verdadera historia de la amante del Duce”, reza la propaganda, como reza el papa y el Vaticano que consiguió nada menos que su propio estado gracias a Benito.

Sexo , poder y religión a la italiana es significado de una ópera larga de cine pensante.

Ante todo un drama demasiado humano y con lección de cine, en  tiempos de adicción al píxel.

La Película está en cartelera.



Jordi LLoret