|
En una editorial de El Mercurio (sábado 6 de noviembre, 2010), se ha criticado con dureza el lema de este año del Encuentro Nacional de Empresarios (Enade): “¡Viva Chile, mierda!” Una frase de mal gusto, según el criterio mercurial, pues vincula la imagen de nuestro país con lo excrementicio. Tal como se lee en el decano de la prensa chilena:
|
Ya conocemos de sobra los cínicos remilgos mercuriales que cuela mosquitos, pero deja pasar camellos, ocupándose de la palabra “mierda” en un viejo grito popular, pero no le preocupa la “mierda” desparramada como represión a los mapuches, la “mierda” de bajos salarios, ni mucho menos, la “mierda” de una constitución hecha a la medida de los poderosos por un régimen dictatorial y que todavía rige los destinos del país. No se requiere ser doctor en filosofía para barruntar que vivimos en un país que, desde hace mucho, huele, precisamente a “mierda”, aunque ello ofenda el buen gusto de El Mercurio.
Es interesante hacer notar cómo la construcción de un mundo clasista y excluyente comienza por la regimentación del lenguaje, es en este plano donde se fragua el orden autoritario que persiste con la obstinación de la “mierda”- La materia natural de la que profitan parásitos, mediocres y sinvergüenzas de todos los pelajes, un hedor al que, lamentablemente, muchos parecen ya acostumbrados. Chile hieda: Hay un mal olor que lo atraviesa todo, desde los negocios al fútbol, desde los medios a la política. Es el olor que expele la mano grasienta del poder y el dinero y que deja su huella y su pestilencia en todo cuanto toca: Es el olor a “mierda” que respira nuestra sociedad en estos cálidos días de verano austral.
Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS
