Aunque nuestro país tiene especificidades que lo diferencian del resto de los países de la región, la historia nos recuerda que la teoría del dominó tiene cierta validez. En Chile los partidos tradicionales han perdido capacidad de representación, los jóvenes rechazan a los actuales dirigentes adultos y no participan en política. La Presidenta Bachelet intentó recoger las inquietudes ciudadanas sobre el sistema político pero no lo logró. Es que no es tarea fácil. Se oponen los propios políticos tradicionales aferrados con dientes y muelas al poder, aunque ya sin ideas que los sustenten; también está esa sólida y pesada institucionalidad política chilena que opera en contra de refrescar el sistema y es reacia a acoger las nuevas demandas ciudadanas. En consecuencia, el desprestigio de los políticos y de los partidos -de todos ellos- no se podrá revertir de la misma forma que ha sucedido en los países vecinos. Pero el cambio en inevitable.
Algo tendrá que suceder. Las tensiones que vive el sistema político, con serias disputas tanto en la derecha como en la Concertación son insostenibles. Díscolos, díscolos a medias y cuestionadores de toda índole se rebelan frente a decisiones de políticas públicas inconsultas, acordadas entre amigos y barones sin títulos nobiliarios. La ciudadanía está completamente alejada de esos políticos. Por otra parte, las desigualdades del modelo económico, en un contexto de opulencia de recursos, y con una política económica conservadora, están alcanzando grados insostenibles. Trabajadores que siguen luchando, incluso contra el propio Estado, por el derecho a la negociación colectiva, y contra un inaceptable sistema de subcontratación. Pequeños empresarios con costo crediticio cuatro veces superior a los grandes consorcios. Consumidores modestos agobiados por tarjetas de crédito usureras que les imponen los Almacenes Comerciales. Pequeños agricultores acogotados por supermercados inescrupulosos que les fijan precios de compra miserables. Estudiantes sin futuro que todavía aspiran a una educación básica, media y universitaria igual para todos, independientemente de los ingresos familiares. Ancianos que todavía esperan un sistema de pensiones que les entregue una vida digna.
