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Agosto 19, 2026

Clase Política Chilena: ERES SIRVIENTE Y NO PATRONA

La Revolución de los Pingüinos ha puesto en el tapete no solo el grave problema de inequidad en la formación de los jóvenes, sino que también el creciente descontento ciudadano con la clase política de nuestro país. Solo en el sector de la política se da el caso que los empleados ganen más que el jefe. De hecho los “honorables” son elegidos por el pueblo, por lo que deberían darse cuenta que ellos son parte del personal del país y no lo contrario.

Los últimos acontecimientos de la lucha de los estudiantes por uno de los derechos básicos con los que un Estado moderno debe estar siempre comprometido, la educación, ha sido una clase magistral que el Chile post-dictadura necesitaba hace ya largo tiempo.

Esta “Revolución de los Pingüinos” ha puesto en el tapete no solo el grave problema de inequidad en la formación de los jóvenes, sino que también el creciente descontento ciudadano con la clase política de nuestro país.

La desconexión entre quienes tienen en sus manos el Poder, llámese Concertación y Alianza, – y sumo a la derecha porque no puede desmarcarse del problema subiéndose al carrusel de los estudiantes-  no es nada nuevo, es cosa de recordar el mínimo interés de los jóvenes por participar en cualquiera de las elecciones –municipales, parlamentarias y presidenciales- a lo largo de los 16 años de democracia.

Esta clase política ha gobernado a través de los tres poderes del Estado sin consultar a la ciudadanía sobre los temas de mayor prominencia y que atañen a todos. Sus intereses han  sido privilegiados por sobre “el clamor popular” pues mucho más importantes han sido los lineamientos de los dirigentes con sus respectivos partidos políticos.

Para nadie es desconocido que la mayoría del país preferiría un sistema electoral proporcional a uno binominal, a nadie le extrañaría que se terminara con los contratos “mulas” o por proyecto, que tiene al chileno con un terror, inimaginable hace algún tiempo, a perder su trabajo y para ninguno sería una atrocidad que los senadores y diputados de este país recibieran como sueldo mensual el salario mínimo –fijado por ellos – aplicado para la gran mayoría de los trabajadores del país.

Solo en el sector de la política se da el caso que los empleados ganen más que el jefe. De hecho los “honorables” son elegidos por el pueblo, por lo que deberían darse cuenta que ellos son parte del personal del país y no lo contrario.

Si entendemos la palabra democracia como el Gobierno de Todos, la Democracia es la forma de gobierno en que la propia sociedad, sitúa y dirige el Poder del Estado. Abraham Lincoln en 1863 la definió como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Ante esta aclaratoria, los ciudadanos se siguen interrogando sin respuesta alguna por parte de las autoridades del país, irracionalidades del ancho de un mar como por ejemplo: quienes y bajo que márgenes dictaminan las parrillas programáticas de los medios de comunicación?; que pasó con la afamada televisión pública?; Bajo que circunstancias y con permiso de quien el congreso fija la dieta parlamentaria?; Quien maneja la agenda de valores?; Qué es cultura y bajo que parámetros se mide?;  porque se dice que el mercado es el filtro para poder optar a un trabajo digno, si al final todos saben que solo es el “pituto”?; porqué el Estado no se preocupa del ciudadano después de su retiro de la actividad laboral y deja que las AFP sean el negocio más rentable a causa de las donaciones que entregan como jubilaciones? Porqué una empresa pequeña que  esta exenta de impuesto no tiene derecho  a ser una pyme y por consecuencia a crédito alguno, ni siquiera ha abrir una cuenta corriente?. Porque una carrera profesional tiene un valor mensual por sobre el sueldo mínimo? Y Pascua Lama? Y Celco? y más.

Y así podríamos estar semanas haciendo preguntas, que hasta hoy son respondidas por los maestros políticos al alumno –entendiendo la raíz de la palabra ALUMNO como quien no tiene luz, no piensa, no tiene inteligencia- con “Nosotros tenemos el mandato emanado de ustedes, por lo que les diremos –a través de las normas- como comportarse para hacer de este país un Chile más justo y democrático”. A otro perro con ese hueso.

El problema de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (Loce) aprobada el 10 de marzo de 1989, es decir un día antes que el dictador Augusto Pinochet dejara el gobierno, es una norma que genera la inequidad, desigualdad e injusticia de toda una sociedad.

Digo de toda una sociedad y no solo en la educación, pues no es necesario ir a la universidad para entender que para encontrar un trabajo que de dignidad a nuestras vidas, el parámetro serán las herramientas con las que contamos y si la educación pública, en donde generalmente estudian los hijos del pueblo es un fiasco, nulas posibilidades de desarrollo tendrán los futuros profesionales, técnico y trabajadores de las clases más bajas.

Por lo que es una aberración que en 16 años de democracia, aún la clase política que dirige las riendas de nuestro país no haya sido capaz de reformar esta grave situación, haciéndose parte, a través del amparo a la norma dejada por tiempos pasados que nadie quiere volver a vivir.

 La clase política debe entender de una vez por todas, que solo son los administradores de nuestras riquezas, de hecho el país se mueve gracias a nuestras manos, inteligencias y nuestro dinero a través de los impuestos y el circular de los cada vez más ínfimos y miserables sueldos.

La vieja frase que dicta “El Estado es para servir y no para servirse” debería estar en sus bitácoras para hacerles comprender que hacer bien las cosas no significa abultar sus bolsillos ni de los de quienes les costean sus campañas políticas, porque  ni siquiera la teoría del rebalse resultó. 

Hoy los ciudadanos se han aburrido de las limosnas y piden frente a las autoridades ni siquiera lo que nos parece justo, sino lo que les pertenece por derecho propio.