El pliego de los jóvenes en paro fue claro y categórico, un conjunto de demandas coyunturales y otra de carácter estratégico. Prueba de ingreso a la Universidad (PSU) y pasaje escolar gratuitos, además de elementos de infraestructura, por una parte; y supresión y creación de una nueva Ley Orgánica Constitucional de Educación (LOCE), y termino de la municipalización de la enseñanza pública, por la otra, última triquiñuela jurídico – política de la dictadura militar
La respuesta de Bachelet a través de cadena nacional de televisión, después de varios de días de paralización y movilización estudiantil fue, otorgamiento del pase escolar gratis, becas para financiar el valor de algunos jóvenes para que accedan a la PSU, incremento de las becas de alimentación, y revisión y reforma de la LOCE existente en la actualidad. En el intervalo, pudimos ver a un ministro autoritario e ineficiente en el ejercicio de su función, y a una subsecretaria carente de toda inteligencia emocional. Dos personajes lejanos al quehacer histórico educacional cuya misión al asumir el ministerio es desconocida hasta ahora.
En definitiva, la respuesta del gobierno es de una sordera política inaceptable para quienes pretenden transformar el modelo educacional de mercado existente. El sistema de becas es un método filantrópico que no apunta a lo medular del conflicto en cuestión, por esta razón se niega la gratuidad como un derecho inalienable de los jóvenes.
La razón es lisa y llanamente ideológica, dejar de vender servicios y otorgarlos como un derecho, significa alterar en su mínima expresión el modelo neoliberal que rige la economía nacional, lo mismo ocurre en la salud, que los enfermos paguen aunque sea el mínimo, pero que paguen, es una reafirmación del proceso de desarrollo capitalista de la sociedad chilena, y quienes no tienen ingresos para hacerlo deben portar un informe social para que sean atendidos en calidad de indigentes en los consultorios y hospitales públicos.
En este sentido, la propuesta del gobierno invalida el rol del Estado como un instrumento decidido a servir pensando en el bienestar de la sociedad civil, en un contexto en que los índices de pobreza se expresan a través de la multiplicidad de carencias objetivas en la que viven miles de chilenos que hoy se identifican con las propuestas del movimiento estudiantil.
Se habla de mejorar la calidad de la educación, pero la reforma propuesta por Bachelet y los recursos asignados, se constituyen en un maquillaje que preservará las desigualdades que reconocen que hay que superar. No existe voluntad para impulsar una revolución educativa que realice un cambio estructural, devolviéndole al sistema público de Educación el rol protagónico que tuvo hasta el golpe militar de septiembre de 1973.
Terminar con la municipalización de la educación y la salud es un factor clave para iniciar un proceso de transformación de la sociedad chilena, propuesta que no comparte la derecha y algunos sectores mayoritarios de la Concertación, siendo consecuentes con el modelo que les heredó Pinochet.
Bachelet y su ministro y subsecretaria de la cartera, no estuvieron jamás proclives a un dialogo verdadero con los jóvenes, fueron las medidas de presión ejercidas por estos últimos, las que obligaron al gobierno a sentarse a una mesa sin la debida transparencia, manipulando los tiempos y la agenda de discusión. Luego, Bachelet, que se presenta a la opinión pública como una autoridad en terreno, jamás se aproximó a los estudiantes para dialogar en directo con ellos, no fue a los liceos, ni tampoco ha tenido la voluntad de invitarlos a conversar a La Moneda. Solo ha emitido declaraciones a la distancia en agendas programadas para visitar municipios u otros espacios sociales donde las condiciones le son absolutamente favorables, señalando que su propuesta unilateral e improvisada, es la única respuesta y la definitiva en materia de reformas en la educación.
Curiosa forma de entender un proceso de negociación entre autoridades públicas y estamentos sociales que luchan por reivindicaciones reconocidas como justas por toda la comunidad nacional.
Chile necesita cambios estructurales indispensables para terminar con el conjunto de inequidades legadas por el modelo que impulsó la dictadura, y que administra con ciertas variables la Concertación. Los hijos de la democracia, como se les ha denominado a los estudiantes, han creado un estilo crítico de ejercicio de la política al interior de los movimientos sociales, que se constituye en un antecedente vital para frenar la consolidación de un modelo perverso que pretende ser perpetuado por la derecha, algunos sectores de la Concertación y los enclaves autoritarios que actúan desde el imperio del dinero, manteniendo una cínica neutralidad, en coircunstancias que necesitan de la reproducción de este para mantener sus privilegios.
