Las reuniones de Renovación Nacional son la antítesis de la leninista UDI. Según un columnista de El Mercurio, los RN tienen algo parecido a los liberales antiguos: en el Partido hay distintas fracciones e, incluso, formas de vida; como sus ancestros, rajan de las mujeres durante el día, en el Club de La Unión y, en la noche, todos sumisos rezan el Rosario con sus cónyuges y la servidumbre. En RN, como en los viejos liberales hay aún grandes señores y rajadiablos que, a pesar de todo, siguen adorando a Daniel López Pinochet, como es el caso del nacionalista Sergio Onofre Jarpa, Alberto Cardemil y el porteño negro Romero, entre otros.
El antiguo liberal, Andrés Allamand, incoherentemente se ha convertido en un profeta de la unidad de la Alianza que, incluso, se atreve a pedirles a los empresarios, dirigidos por Francois Richard Somerville, que no canonicen anticipadamente a la agnóstica abeja reina Michelle Bachelet –al fin de todo tiene su alma rogelia y los traicionará a favor de los trabajadores.
Popeye Colo Colo Piñera es un candidato derrotado, por consiguiente, no puede pretender convertir a RN en una de sus tantas empresas, sobretodo cuando los accionistas están descontentos por la baja rentabilidad lograda en la segunda vuelta de la elección presidencial; como están de moda las elecciones universales, – un militante un voto -Larraín, el alcalde Sabat y el senador Cantero, están dispuestos a enfrentarse en los próximos comicios del Partido.
Lúculo Popeye no puede dormir ante semejante duelo, pero en la noche descubre una fórmula que puede salvar su liderazgo: la elección por consenso de Lily Pérez. Según Piñera, a pesar de sus amores clandestinos con el arcángel Lavín, Lily reúne todas las cualidades para engatusar a los militantes: es mujer –ahora está de moda elegir mujeres en todos los cargos -, sean aptas o no, representa a la clase media floridana, su sonrisa franca y abierta logra entusiasmar a los varones: las tiene todas, es como Colo Colo, que siempre juega de local; a las dos de la mañana el pobre Lúculo despierta de sus sueños de poder volviendo a la cotidiana y miserable realidad de un candidato derrotado, que tiene que conformarse con la presidencia de Colo Colo, aunque a los de la “barra blanca” no les guste mucho, pero peor es nada: “sigo siendo socio mayoritario de LAN, Chile Visión y una serie de compañías más”. Es lo que hay, como dicen los lolos.