En los últimos días, en coincidencia con la decisión de Cambiemos de hacer de Venezuela uno de sus ejes de campaña, fui sometido a un ataque sin precedentes desde las ciudadelas de la oligarquía mediática argentina a propósito de mis opiniones acerca de lo que está ocurriendo en aquel país. Periodistas y académicos unieron sus fuerzas para no sólo disentir con mis ideas sino también para lanzar toda suerte de agravios sobre mi persona.
Te llaman “Dictadura”, esos que nunca vivieron en una dictadura.
La ministra en visita extra ordinaria de la Corte de Apelaciones de San Miguel para causas por violaciones a los derechos humanos, Marianela Cifuentes, dictó acusación por el delito de secuestro calificado de Luis Nelson Cádiz Molina y Alberto Leiva Vargas, ilícitos perpetrados a partir del 14 de septiembre de 1973.
El Domingo pasado, algunos líderes estudiantiles no aprobaron el comunicado que entregaba respaldo al proceso constituyente en Venezuela, impulsado por Nicolás Maduro, acción que no fue suficiente para rechazar el escrito.
Ningún partido político es neutro; ningún partido o movimiento se organiza por el solo interés de hacerlo. Menos aún, si su objetivo es incorporarse a la escena política de la nación. Todo partido representa y defiende, siempre, en ese campo, algún interés de clase o fracción de clase; en consecuencia, sus conflictos internos y eventuales cismas o rupturas no obedecen sino a la sórdida lucha que libran en su interior, y en defensa de lo suyo, tales clases o fracciones de clase.
La opinión pública se informa que ex uniformados torturadores, violadores de los Derechos Humanos, que están sanos y se desempeñan en otras funciones en sectores públicos o privados, cuya función laboral era asesinar a chilenos indefensos, perciben millonarias pensiones llamadas por la prensa “jubilazos”.
A comienzos de marzo del año 2014, se escribió un breve artículo titulado “El Presidente Maduro debería estudiar a Maquiavelo”. Este artículo fue publicado por el diario El Clarín de Chile. En este trabajo se trata de hacer un breve análisis de la situación política venezolana después de la muerte del Presidente Hugo Chávez.
La historia de la izquierda se verá exigida a sumar a sus derrotas, esta que propone con una pasión digna de encomio el Frente Amplio.
Francisco Vidal, insigne operador político de la Concertación-Nueva Mayoría, intenta definir la “posverdad” a su manera. Lo hace para poder jugar con su definición y tácticamente intentar convencer a los sectores de derecha que el gobierno de Bachelet fue bueno, por “los avances logrados” y sin tocarles sus privilegios.