
Me gustó mucho el libro de Jorge Baradit sobre la historia secreta de Chile. Por sus anécdotas, su enfoque, por las pruebas que nos da del uso que se hace de los medios de comunicación para mantenernos en la ignorancia. También, por las nuevas certezas que nos entrega acerca de las enormes lagunas que tenemos en el conocimiento de nuestra historia y, porque reitera mi creencia de que los chilenos tenemos la memoria de los peces, solo dura dos minutos. Me sentí muy identificada con la descripción que hace de su familia, que a mi juicio refleja fehacientemente lo que éramos los chilenos en los años 60 pese a los horrores de los que fuimos capaces en los 70. Discrepo sin embargo en algunos de sus relatos, de los cuales se desprenden tesis erróneas. En aras de que seamos capaces de recordar bien toda nuestra historia, me atrevo a discutirle.
El historiador Julio Pinto Vallejo, académico de la Universidad de Santiago, es autor de numerosas investigaciones enfocadas en los conflictos sociales y políticos. Entre sus publicaciones podemos mencionar: Trabajos y rebeldías en la pampa salitrera: el ciclo del salitre y la reconfiguración de las identidades populares (1850-1900), 1998; ¿Chilenos todos?: la construcción social de la nación (1810-1840), 2009 (en coautoría con Verónica Valdivia); Luis Emilio Recabarren: Una biografía histórica, 2013; El orden y el bajo pueblo: Los regímenes de Portales y Rosas frente al mundo popular, 1829-1852, 2014 (en co-autoría con Daniel Palma, Karen Donoso y Roberto Pizarro). Sobre historia conversó con Punto Final.
La Superintendencia de Pensiones de Chile, la Superintendencia de Valores y Seguros (y la Comisión Asesora Presidencial sobre el sistema de Pensiones), no sólo avalan las diferencias que existen en los cálculos del sistema de las Fuerzas Armadas y nosotros, la mayoría de los mortales, sino que además nos deben explicar porqué, cómo y quién hizo (y cuánto costó) el “estudio” equivocado sobre las tasas de mortalidad de los chilenos, hombres y mujeres.

La política exterior chilena vuelve a su cauce y, de paso, se transparenta con más nitidez su vocación neoliberal ligada a los proyectos de los grandes capitales. La reunión de los países miembros de la Alianza del Pacífico, coalición conformada por Chile, Perú, Colombia y México, que se realizó en Puerto Varas, tuvo como país invitado a la Argentina de Mauricio Macri, que ha expresado su intención de acercarse a esta alianza formada en 2011 por los entonces presidentes Piñera, Alan García, Calderón y el colombiano aún ejercicio José Manuel Santos. Si hay algo que une a todos estos países y gobiernos no es sólo su litoral del Pacífico, sino su impronta en el mercantilismo y la desregulación.

La ministra del Interior, Theresa May, se convertirá en premier de Gran Bretaña este miércoles luego de que el jefe de gobierno, David Cameron, adelantó su renuncia tras su fallida campaña en contra del Brexit y de que su única rival, la titular de Energía, Andrea Leadsom, abandonó la contienda.
El gobierno ha conseguido una inédita unanimidad en el rechazo a su proyecto de reforma de la educación superior, luego de dar a conocer una minuta con sus fundamentos y de enviar enseguida al Congreso -precedido por un discurso de la presidenta en cadena nacional- el proyecto que ha erizado las relaciones con la educación universitaria. Los rectores de universidades estatales se oponen porque el proyecto “busca consolidar la mercantilización del sistema de educación superior (…) de aprobarse reafirmaría un modelo existente sólo en Chile, basado en el financiamiento con fondos estatales del mercado universitario privado”.