
A estas alturas hasta el más indulgente oficialista reconoce que la Nueva Mayoría enfrenta horas complejas. Las cosas no marchan bien en La Moneda, se ha complicado el curso político de la agenda de reformas y la popularidad presidencial parece entrar en una fase terminal. Para colmo, se ha iniciado un proceso de involución programática, que recortará el alcance y profundidad de una agenda de cambios ya bastante menguada.
El embajador de Venezuela en Chile, Arévalo Enrique Méndez Romero, envió una carta de protesta a los ejecutivos de la empresa de telefonía celular WOM Chile por un spot en el cual ironizan sobre la figura del presidente venezolano, Nicolás Maduro.
En la sede de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) se realizó la continuación de la Asamblea Nacional Extraordinaria que debió suspenderse el pasado viernes 17 de julio, y en su primera resolución definió la suspensión temporal del paro indefinido y continuar las conversaciones con el ministerio de Educación de cara a la tramitación, en particular, del proyecto de Política Nacional Docente que se discute en el Congreso.
El presidente del Senado, Patricio Walker, tras sostener una reunión con Carmen Gloria Quintana, dijo que “a nombre del Estado de Chile, de miles de chilenos, y más allá que nosotros luchamos juntos en contra de la dictadura, creo que tenemos que pedirle perdón y a través de ella a muchas víctimas de las violaciones a los Derechos Humanos”.
Me recuerdo como si fuera ayer, el martirio de Carmen Gloria y la muerte de Rodrigo Rojas. Cada vez que tengo ocasión escucho la canción del grupo Illapu dedicado a ellos: “Para seguir viviendo” y me vuelve a la memoria todo el horror de su drama. Y aun después de escucharla tantas veces y por tantos años no puedo dejar de emocionarme.
La respuesta no tiene que ver con la ciencia de la balística. Tiene que ver con los que generan las condiciones para hacer puntería, disponer del armamento, dar las órdenes, para luego de matar en una sucesión de declaraciones y buenas intenciones, ocultar sus manos y borrar sus huellas.
Se ha escrito mucho y todos conocemos, con mayor o menor exactitud, las consecuencias múltiples de la crisis económica en Grecia. Pero hay otros efectos de carácter más político que económico que desearíamos también poner de relieve, y que probablemente no estuvieron, me parece, fuera de las intenciones del gobierno de Syriza y del primer ministro Alexis Tsipras.
