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Agosto 18, 2026

La tormenta Gabriel

El 27 de octubre de 2009, Gabriel Valdés, al asistir a la charla dada por Sebastián Piñera en el Consejo Chileno para Relaciones Exteriores, opinó sobre éste: “no cabe duda que sería un buen Presidente. Es como nieto mío, fui íntimo amigo de su padre y de su madre.  

  

Su padre fue un hombre extraordinario, sencillo y elegante” Y deslizó una frase sorprendente: “reconozco que: tengo debilidad por Ominami chico”. Sobre la campaña electoral expresó: “estoy observando, tengo mis propias ideas, pero a mi edad no se dicen”.
 
Sebastián Piñera comentó con su habitual locuacidad: “Una de las buenas herencias que recibí de mi padre es la amistad de Gabriel Valdés. Le tengo un tremendo aprecio. El siempre ha sido un guía y un consultor que me ha orientado, me ha dado buenos consejos. En nuestro futuro gobierno le vamos a pedir que siga aportando con su sabiduría, experiencia y sus consejos, especialmente en el campo de las relaciones internacionales”. Su esposa, Cecilia Morel agregaría: “Gracias don Gabriel por ser íntegro y caballero. Ayuda a la convivencia con respeto”. Enríquez Ominami, con su habitual locución acelerada, comentó: “Agradezco su mensaje, lo escucho y (espero) estar a la altura de sus expectativas. Valdés representa uno más de los miles de chilenos que hoy día ve con simpatía nuestra candidatura”.. La diputada María Antonieta Saa reprobó duramente las declaraciones: “Don Gabriel Valdés ya hizo su papel en la política chilena, él tiene opiniones personales que yo no comparto en absoluto y creo que debiera guardárselas. El ya está jubilado, debe retirarse dignamente de la política. Tiene una tradición en la Concertación. Creo que ya tiene demasiada edad (90 años). Está senil”. El diputado Sergio Aguiló añadió: “Lo más aconsejable para todos aquellos que desarrollamos una actividad pública es que a partir de una determinada edad, nos dediquemos a la vida privada y no hagamos declaraciones, porque éstas deben ser realizadas de manera responsable” El senador ultra conservador, Sergio Romero, aprovechó la ocasión reprochando: “La intolerancia y la falta de respeto por las ideas de los demás ha llegado a un límite inexcusable e inaceptable. El fundador de la Concertación ha recibido de algunos miembros de ella un ataque verdaderamente bajo y sinceramente inexplicable, porque en la práctica, denostar a una figura nacional, es faltarle el respeto al país y al Senado”. Los dirigentes democratacristianos entrevistados manifestaron su gran aprecio por Gabriel Valdés y su convicción que él votaría por Frei en primera y segunda vuelta. Manifiestamente, evitaron criticar a sus detractores. La Sociedad de Geriatría y Gerontología emitió una declaración: “Cuestionar la opinión de alguien por ser viejo, o lo que dice, no tiene sentido o coherencia, es una discriminación. Chile es un país envejecido y no considerar este grupo de la población es inaceptable, ellos tienen voz y deben ser escuchados”.

Dos días más tarde, Patricio Aylwin, al ser requerido por los periodistas sobre las declaraciones críticas de los diputados, expresó: “Me parece una insolencia y una idiotez plantear las cosas en ese término. Gabriel (Valdés) tiene una vida de servicio al país, una vida pública reconocida como ministro de Relaciones Exteriores, como senador y otras actividades que merecen el respeto de todos los chilenos”. La bancada de senadores de RN, tratando de aprovechar la situación, envió una nota de apoyo a Valdés: “La altura republicana de sus opiniones marcan una profunda diferencia con las insólitas expresiones que se escucharon estos días”

              El juicio de los diputados fue apresurado y erróneo, al juzgar los dichos de Valdés como un signo de senilidad. Su crítica estuvo obnubilada por encontrarse inmersos en la más estrecha y disputada contienda electoral de los últimos años. No tomaron en cuenta  que el ex distinguido diplomático tiene impresa en su mentalidad la tolerancia al enjuiciar a las personas según sus sentimientos de amistad o parentesco, sin importarle las diferencias políticas, primando en él factores emotivos debido a su extrema sensibilidad. Un patente ejemplo de ello fue la estrecha relación establecida en 1990 con Jaime Guzmán Errázuriz. No le importó que el líder gremialista hubiese sido el cerebro de la dictadura de Pinochet que él había combatido y que fuese el creador de las amarras que tanto han dificultado el retorno a una plena democracia En un homenaje expresó: “Jaime Guzmán era mi amigo muy querido y con él me sentía unido en afectuoso y estrecho parentesco” Apreciaba a Guzmán como un familiar suyo, de extrema inteligencia, que compartía su creencia religiosa y muchos de sus gustos, desechando las profundas diferencias políticas. Esta gran estima fue retribuida por Guzmán, quien llegó a la casa de Valdés para ofrecerle su voto para las elecciones de presidente del Senado, contrariando a sus aliados de Renovación Nacional. Los íntimos de Guzmán comentan que incluso deseaba que Valdés fuera candidato a la Presidencia de la República.

Es evidente que Valdés no ve a Piñera en su real dimensión. No lo percibe como un astuto y verborreico inversionista-especulador, sin escrúpulos, prototipo de quienes, por su insaciable afán de lucro, han llevado al mundo a la peor crisis desde 1929. Él lo aprecia como el hijo de un dilecto amigo y camarada de partido de muchos años. Valdés desestima el historial de Piñera con sus controvertidas maniobras como gerente del Banco de Talca, el reservarse para sí el pingüe negocio de las tarjetas de crédito bancario, o la compra de acciones de LAN, cuando disponía de información reservada sobre el resultado del balance de la empresa. También desecha la innoble maniobra realizada por Piñera contra su oponente Evelyn Matthei en 1992, dejada al descubierto por el empresario Ricardo Claro, la cual lo sacó de la contienda presidencial  de 1993 en la que tanto ambicionaba participar.

Acerca de su afecto por Marco Enríquez-Ominami, éste se explica por la amistad que tuvo con su abuelo, Edgardo Enríquez Froeden, de la aristocracia penquista, quien fuera rector de la Universidad de Concepción y ministro de Educación del gobierno de Allende. Valdés no ve a su nieto como un aún inexperto director de cine y televisión que, con un abigarrado y contradictorio equipo, pretende replicar el “fenómeno Obama”, empleando modernas técnicas de marketing.
 
Fuera de toda duda, Gabriel Valdés es un personaje admirado por muchos por su gran envergadura intelectual, tolerancia, valentía y distinción en el trato de las personas. En 1969, despertó el respeto y el aprecio del mundo progresista latinoamericano al ser el artífice y portavoz del Consenso de Viña del Mar en que se analizó con realismo la relación con Estados Unidos. La mayoría de los chilenos se sintió orgullosa de su canciller. Esa fue la primera vez en que se reunieron los ministros de Relaciones Exteriores de América Latina, excluyendo a USA, convocados por la Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana. Fue el mejor y más auténtico momento de unidad alcanzado por Latinoamérica en que se hizo la crítica más valiente y certera a Estados Unidos. En un recordado discurso en la Casa Blanca, ante Richard Nixon, Valdés expresó: “Es creencia generalizada que nuestro continente está recibiendo una ayuda real en materia financiera. Las cifras demuestran lo contrario. Podemos afirmar que Latinoamérica está contribuyendo a financiar el desarrollo de los Estados Unidos y de otras naciones industrializadas. Las inversiones privadas han significado y significan para América Latina que los montos que se retiran de nuestro continente son varias veces superiores a los que se invierten. Nuestro capital potencial se empobrece. Los beneficios del capital invertido crecen y se multiplican enormemente, pero no en nuestros países. Sino en el extranjero. La llamada ayuda, con todos los condicionamientos que conocemos, significa mercado y mayor desarrollo para los desarrollados, pero no han logrado compensar las sumas que salen de América Latina en pago de la deuda externa y como resultado de las utilidades que genera la inversión privada directa”.

Fue una de las personalidades políticas chilenas que más preocupación causaba a los agentes norteamericanos que procuraban derribar al gobierno de la UP. Le temían por su fuerte gravitación en la DC y su cercanía con Salvador Allende. Después de ser Allende electo por el Parlamento, Valdés había vencido la reticencia de Frei para reunirse con líder socialista. Sirvió de anfitrión, en su residencia, de esos encuentros en que Frei rechazó la petición del Presidente Electo a colaborar con el futuro gobierno de la Unidad Popular. En  un informe, elaborado el 12 de noviembre de 1970 por Arnold Nachmanocoff., uno de los colaboradores de Kissinger, se señalaba dicha aprensión: “el ex canciller Valdés  representa el sector del PDC que está preparado para adaptarse y cooperar con Allende”. En 1971, Estados Unidos solucionó el problema alejándolo de Chile. Fue designado subsecretario general de Naciones Unidas a cargo del programa del Desarrollo para América Latina y el Caribe, con sede en Nueva York. Allí permanecería hasta 1981.

En abril de 1975. desde Nueva York, Gabriel Valdés dio una muestra de su posición política abierta y conciliadora con la izquierda. Junto a Tomic, Leighton (meses más tarde sufriría atentado en Roma), Fuentealba, Huepe y Hormazábal criticaron a Aylwin por insistir en la tesis del camino propio. Le recordaron que el antimarxismo iba en retirada en el mundo y le pidieron caminar hacia un encuentro con los partidos de izquierda.

Después de la muerte de Frei, en enero de 1981, surgió acuerdo en el PDC para que Gabriel Valdés asumiera la conducción del partido por su alto prestigio en el país. Sin embargo, expresaron su reticencia Claudio Orrego y Gutenberg Martínez. Sospechaban  que, por la simpatía que provocaba en los dirigentes de la izquierda, reviviera la idea de Tomic de 1968 de constituir un frente amplio progresista junto a la izquierda tradicional, trasformándose en un líder apoyado por una vasta mayoría, que fuese inmanejable por la DC.

En 1983, por sus grandes dotes intelectuales, valentía y clara posición democrática, fue el personaje más importante en la constitución de la Alianza Democrática. Fue fundamental al conseguir aglutinar gente con marcadas diferencias políticas y rencores aparentemente irreconciliables, para lo cual debió utilizar al máximo sus cualidades diplomáticas y su bien ganado prestigio como auténtico demócrata.

En junio de 1985, Gabriel Valdés fue reelegido presidente del PDC. El periodista, Manuel Salazar Salvo, comenta sobre ese evento: “Desde ese momento, los partidarios de Aylwin iniciaron una soterrada campaña para evitar que Valdés se trasformase en líder del PDC”. En forma insidiosa se insistió en apodarlo “el conde” para proyectar una imagen que lo distanciara de la gente común. Se pretendió que su posición progresista de izquierda apareciera como un mera pose para la galería. Pese a todo, permaneció en el cargo hasta 1987, desarrollando importantes actividades para la recuperación de la democracia. Fue participante substancial en la redacción y firma del Acuerdo Nacional en 1985 y esencial organizador de la Concertación de los partidos por el No en 1987. Participó activamente en las protestas contra la dictadura, siendo acusado de incitar a la violencia, por lo que fue violentamente reprimido y apresado. 

Para 1989, Gabriel Valdés se había constituido en el político con más méritos para ser el candidato de la Concertación a la Presidencia de la República, gozando del respaldo y respeto de un vasto sector. Sin embargo, debido a la desconfianza que motivaba su “izquierdismo” en el sector más conservador del PDC y al sistema de maquinarias de poder imperante en esa colectividad, fue desplazado por Patricio Aylwin, pese a los indudables antecedentes golpistas que pesaban sobre éste Se recordaba la frase de Aylwin de agosto de 1973: “prefiero una dictadura parda que una roja”, su terca negativa a dialogar con la UP, su incondicional apoyo a los paros de 1972 y 1973 y su importante rol en la gestación de la declaración de la Cámara de Diputados del 22 de agosto, que dio luz verde al golpe. Un ejemplo de las maquinaciones realizadas en contra de Valdés fue el llamado caso Carmen-Gate del 27 de noviembre de 1988, en donde dos militantes (Juan Osses y Eugenio Díaz) fueron sorprendidos en la sede de la calle Carmen, adulterando fichas para posibilitar que votaran por Aylwin. Se denunciaron irregularidades en cerca de cinco mil inscripciones de militantes. Se atribuyó la responsabilidad a Gutenberg Martínez, a la sazón director de la División de Organización y Control. No obstante, sólo fue expulsado Diego Bascur, quien tenía las llaves de la oficina en donde se realizó el fraude..

Dentro de este contexto de despiadada disputa por el poder dentro de la DC, en mayo de 1989, Gabriel Valdés al ser forzado a retirar su pre candidatura presidencial, no pudo dejar de manifestar su honda desazón en una cruda carta abierta remitida a la directiva de su partido, en que manifestó:

“Deseo callar sobre el juicio moral que me formé ante la maquinación usada por algunos en la última Junta Nacional, la cual no había sido convocada para elegir al candidato presidencial. Sin embargo, se buscó provocar deliberadamente un efecto político y comunicacional de aparecer con una presunta mayoría a la cual generosamente se renuncia para someterse a la votación de los militantes”.

“Lamento con profundo dolor la pérdida de la nobleza en algunos estilos políticos, el predominio de la mediocridad en que se desprecia la calidad de las ideas, el reemplazo de la lealtad entre amigos y camaradas por la fría lógica de férreas máquinas de poder que perduran como sectas al interior de los partidos”.

“No estoy dispuesto a seguir en este juego en que para competir hay que caer en estas prácticas. No seré cómplice de algo que va en contra de mis convicciones más profundas e incluso contra mi honor”.

“El consenso interno me parece una necesidad imprescindible e irrenunciable. Se ha podido constatar, después de la última Junta Nacional, que ninguna de los tres nombres que finalmente se perfilaron como posibles precandidatos generaron ese consenso”.

Esta carta fue como una despedida a su legítima y bien ganada aspiración a la Presidencia de la República. Declinaría competir con Eduardo Frei en 1993 y con Andrés Zaldívar en 1998. Al término de su segundo período en el Senado, en el 2006, no postuló a la reelección, que fácilmente hubiese  ganado. Prefirió ir de embajador a Roma y rememorar los tiempos de niñez que había pasado en Italia. Fue relevado de esa grata misión en la segunda mitad del 2008 para darle cabida a otro político, José Goñi.

Corolario  Gabriel Valdés ha llevado una vida plena, pero con evidentes desilusiones políticas que explican su  desafecto a la política contingente. Además, hay que tener presente que la vejez otorga el privilegio de expresar abiertamente las ideas y pensamientos. Ya no se tiene que prestar atención a la apreciación de los demás ni al qué dirán. La muerte se encuentra cercana y, a ella no hay porqué gustarle, por tanto se puede decir todo lo que se apetezca sin disimulo ni temor alguno. Ningún interés ajeno puede influenciar, se goza de verdadera libertad de opinión. Es un privilegio de la ancianidad, tan denostada en nuestra cultura que ensalza la juventud.