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Agosto 18, 2026

Juventud e ideología

Ante la precariedad de ideas en el debate del conflicto político chileno, se ha instalado una suerte de epidemia de “juventuditis” que alcanza, especialmente, a las candidaturas liberales a la presidencia de la república.

Unas más “progresistas” que otras, pero todas compitiendo por mostrar al integrante más joven dentro del comando respectivo, como si la juventud fuera garantía de mejores programas, o incluso, sinónimo de ideología progresista o de cambio.
 
En  la bibliografía revisada, no aparece en ningún párrafo, la definición de ideología relacionada con algún grupo etáreo en especial. ¿Qué dice el simple diccionario Larousse sobre el concepto de ideología?: “f. (de idea, y el gr. logos, discurso). Ciencia de las ideas. Sistema que considera las ideas en sí, haciendo abstracción de la metafísica. Conjunto de ideas propias de un grupo político”.
 
Los sesudos análisis que  ha hecho nuestra clase política sobre las causas que llevaron al golpe de Estado, llegan a la conclusión (brillante) que éste se produjo por el exceso de “ideologización” de la sociedad chilena. Es decir, hubo exceso de ideas. Es entonces, que partiendo de esta premisa, que se dejaron de producir ideas durante todo el período post-dictadura. No fuera a ser cosa que la derecha (incluyo a la DC), apoyándose en los militares, dé otro golpe de Estado  a causa de la sobreproducción  de ideas. Claro está que la “ideologización” venía sólo de la izquierda, pues esta palabreja jamás será usada para referirse a la ideología de ultraderecha y fascista de los jóvenes de Patria y Libertad, y de los jóvenes que apoyaron fervientemente a la dictadura pinochetista y que ahora pontifican sobre democracia desde los escaños del Senado.
 
Cuando Marx y Engels se refieren a la ideología como un cuerpo de ideas, tampoco dicen si se trata de jóvenes, adultos menores, adultos mayores, viejos, etc.:
“…las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad, es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por  tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, son también las que confieren el papel dominante a las ideas”.*
 
Como se puede apreciar, la juventud no es garantía de absolutamente nada, y menos si nos referimos a la concepción del mundo y al actuar político de cada individuo en la sociedad. En la historia política del mundo, han existido jóvenes líderes desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, y, en la mayoría de los casos, explicitando claramente sus ideas. Sin embargo, la historia también está plagada de jóvenes que han aspirado a transformarse en líderes en sus respectivos países con base en  la indefinición ideológica, denostando a los partidos políticos y  criticando a las derechas e izquierdas. Es decir, al fin ha llegado  el Mesías que viene a salvar a la sociedad de los pecados de la corrupción, del pituto, del nepotismo, de la ideologización, etc.
 
Esta aparente indefinición (no somos ni de izquierda ni de derecha, tal vez habría que agregar: sino todo lo contrario), lleva implícita en el ADN del portador, una identificación con los postulados de derecha e, incluso, de ultraderecha. El discurso que se ha venido escuchando desde un tiempo a esta parte, me trajo a la memoria la grandilocuente intervención del joven fascista  José Antonio Primo de Rivera, el día 29 de octubre de 1933 en Madrid, con motivo de la fundación de la Falange Española.
 
Me permito reproducir  un párrafo, (a mi juicio, es el que mejor demuestra lo expresado con anterioridad), no sin antes mencionar que el joven José Antonio tenía, a la sazón, sólo 30 años de edad:
“…El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertirla se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento (el subrayado es nuestro), pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas”.
 

*Carlos Marx y Federico Engels, La ideología alemana, Ediciones Pueblos Unidos, Buenos Aires, 1973, pp. 50-51.