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En todo Chile y en el mundo se viven momentos de irracionalidad. Históricos que escriben historias mandadas a hacer, otros, a respaldar un sistema neoliberal y, los fachos, a negar el holocausto.
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Aplauden, eso lo digo, con arcadas. Para la derecha chilena, el 11 de septiembre fue una revolución, me dijo un escritor momio. Botellas de champagne y cuecas de los huasos Pinfachos fueron, en esos días, como si los aliados contra Hitler acabasen de desembarcar en Europa para vencer a los alemanes y al nazismo europeo.
De norte a sur se bailaban cuecas de la muerte. Los soldados eran elogiados y celebrados como los salvadores de la patria. Eso aplaudía la derecha; eso los llevó a mojar pañuelos y a inaugurar un Chile sembrado de muertos.
Nunca se imaginaron que la historia de un pueblo se logra escribir sólo cuando se narra la verdad: ahí se ve el avance de la historia de Chile y no retroceder con las mentiras y el moralista fingido.
Los militantes de la derecha fascista no soportan la idea que el museo destaque las victimas a contar del 11 de septiembre 1973. Cierto, en la furia recuerdan que Eduardo Frei Ruiz Tagle, donó hasta joyas a la junta y, ahora, pues, se ha pasado al frente antifascista. No perdonan ni a Piñera porque, bueno, ya se sabe, votó “No” contra su supremo comandante de la muerte.
Muchos ciudadanos chilenos no conocen la historia de Chile. Años de luto y sangre. Creo que la derecha tiene razón. ¿Por qué recordar sólo a las victimas del 73? Se podría dejar unas salas para recordar la matanza de Iquique de 1907. Ahí cayeron 3600 mineros del salitre, sus mujeres e hijos fueron asesinados por el Ejército mientras estaban en huelga. Otra sala para la masacre de Puerto Montt ocurrida el 9 de marzo de 1969, bajo el gobierno demócrata cristiano de Eduardo Frei Montalva. Diez pobladores murieron a manos de efectivos de Carabineros de Chile.
El museo de la memoria no debe olvidar todas las masacres que ha vivido el pueblo chileno: masacre en Lonquimay; masacre en Seguro Obrero; masacre en Plaza Bulnes; masacre en José María Caro; masacre a los derechos humanos.
Creo que las generaciones futuras entenderán con claridad las tragedias de nuestro Chile. El fascismo se recuerda, y recordará, como el mal de todas las historias.
En fin, a los cobardes se les sepulta en lugares secretos o con nombres falsos. A los mártires se les honora con museos, calles, plazas y estatuas.
EL museo de la memoria generará el rechazo radical contra los nostálgicos del fascismo y, los abusos, ya se ha comprobado en la historia, pues, tarde o temprano son condenados y escritos en la historia de Chile.
Godosky
