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Agosto 18, 2026

Salitre 2009

Para hacer más verosímil el ejercicio Salitre 2009, debían desarrollarlo en la región de la Araucanía. Resultaría más cercano a los verdaderos instintos del Estado, no afectaría la sensibilidad peruana y, de paso, podría arrasar con algunas comunidades indígenas que causan problemas. Sería una buena  manera de justificar el gasto, secreto de Estado como el que más, en el que se va a incurrir en el lanzamiento de bombas y el vuelo de aviones en pleno desierto.  

Resultaría una muy ilustrativa medida para los potenciales enemigos de Chile el ver cómo quedan aquellos que se atreven a desafiar al poderío nuestro.
 
Los primeros blancos bien podrían ser  la Coordinadora Arauco Malleco, la Alianza Territorial Mapuche y la comunidad de Temucuicui, entre otros enemigos no menos salvajes. El primer corolario sería la tranquilidad en que quedarían los siempre insatisfechos latifundistas de la zona
 
Para reforzar ese aprendizaje vicario, sería menester un ciclo de documentales que muestren el bombardeo a La Moneda de hace algunos años, y el estado en que quedó ese edificio después del sobrevuelo de los aviones Hawker Hunter.
 
De esta manera se evitaría que el ministro Vidal siga respondiendo a los titulares de los diarios del Rímac haciendo alusión a la transparencia, que como se ha informado en semanas anteriores, está un poco desprestigiada en nuestro país. Como sabemos, el ajuste técnico a que se sometió el ejercicio bélico tiene carácter secreto y allá los peruanos si lo entienden o no.
 
El caso es que Chile jamás se rinde y jamás se ha rendido. No lo hizo cuando debió luchar una guerra desigual durante 17 años para echar abajo una tiranía oprobiosa. De ahí el estribillo al que hace mención el ministro: Chile no se rinde, caramba, Chile no se rinde.
 
La paradoja, a la que nos tienen tan acostumbrado ahora es la siguiente: esforzando sus capacidades técnicas, la Fuerza Aérea, con el entusiasta ministro Vidal a la cabeza, organiza unos ejercicios de guerra que tiene por libreto defenderse de un ataque de un país del norte. Como al norte de Chile tenemos a Perú, resultó que esté último, invitado a ver las maniobras, consideró que tal hipótesis era agraviante.
 
Notificado el ministro Vidal por los norteamericanos, obediente, corrió a realizar ajustes técnicos al ejercicio y ya no era un país del norte el que atacaba sino un caudillo africano el que se salía de madre.
 
Un diario en Lima considera que la orden de los norteamericanos para cambiar el libreto es un triunfo peruano y titula que a Chile se le ha doblado la mano. Ya sabemos lo que respondido el ministro Vidal.
 
La sangre casi llega al río. Y un ejercicio que buscaba fortalecer la paz en la zona  casi termina en una guerra de las de verdad.
 
Por eso es aconsejable que estos juegos de guerra que buscan liquidar a un molestoso enemigo, se haga en teatros de operaciones de verdad, con enemigos de verdad, pero sin afectar a ningún país vecino.
 
Recordemos que algunas operaciones entre militares sudamericanos no gozan de una gloriosa memoria en muchos de los habitantes de nuestros países. Sin ir más lejos, recordemos la Operación Colombo.