Quien invente una máquina de medición para calificar al pop deberá calibrarla entre el rango cero y una foto de Pet Shop Boys en el otro extremo. Pocos artistas lucen 28 años de carrera apelando a sus inicios sin aburrir en el intento. La pasada del “Pandemonium Tour” por el Arena Santiago nos dejó luces de virtuosismo y catálogo inagotable.
Alejados del clima coloridamente intimista que trajeron hace dos años a la Estación Mapocho, el dúo arma esta vez una magna pista de baile con tintes de performance visual. Espectáculo brilloso que partió con el clásico “Heart” pasada las 9 de la noche. De fondo, dos muros edificados de cubos –que irían desmoronándose y creando atmósferas distintas a medida que transcurren las canciones- sirven como proyector de imágenes animadas. Mientras, un par de coristas-bailarinas a rostro camuflado por cuadrados rojo y verde complementan la inagotable voz de Neil Tennant.
Todo es dinámico. Los reyes del mainstream electrónico apelan a los samplers que adoptaron hace casi tres décadas y mezclan pasajes de clásicos con las pistas de su nuevo disco “Yes”. Así, “Go West” “Left To My All Devices” o “Can You Forgive Her” se hermanan con “Did You See Coming” o “Love etc” mientras los ahora 4 coreógrafos –dos con rasgos afro y las otras escandinavas del inicio a cara ya descubierta- se disfrazan de rascacielos y contagian su bizarro paso al mismísimo Chris Lowe, animándolo a saltar la ostentosa tornamesa al ritmo de “Why Don’t We Live Togheter”.
Es un beat interminable que arroja letras reconocibles y se da un tiempo para bajar algo las revoluciones con “Do I Have To?”, “The Wait Is Used To Be” y “Jealously”. El que algunos sindicarían como el pasaje más tenue del concierto dibuja ambientaciones nostálgicas con predominio de la imagen en sepia y danzas simulando amantes en procesión. Un toque sublime.
Como buenos inventores de melodías pegajosas imbuidas en la crítica más ácida al modo de vida moderno -la que hoy ostentan discípulos como MGMT o The Killers-, los londinenses apelaron a dicha amalgama para rematar su presentación con momentos de alto vuelo. “Suburbia” y “Se a Vida é” (That’s The Way Life Is) anuncian el delirio que se remarcará con el fastuoso guiño a “Viva La Vida” de Coldplay. A esta altura, Tennant ya dejó los sombreros de copa y luce un traje de rey imponente.
El cierre, con “West End Girls” –la mejor canción pop de todos los tiempos según encuestas especializadas- sólo subraya lo anterior. Nadie echa mano a tanto efecto versátil sin caer en la plétora recalcitrante. Pet Shop Boys lo hizo de nuevo. Y tienen cuerda para rato.
