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Agosto 18, 2026

Los curas de la DINA y Rafael Maroto

No hay reposo en nuestra historia. Desde el 11 del Septiembre del 1973, hasta hoy, vamos descubriendo nuevos casos de infiltrados. El comité Pro Paz, lo digo con toda honestidad, era humano y generoso.

Se sabía que la DINA andaba infiltrando hasta los cementerios, hasta las tumbas, hasta las morgues… porque, bueno, los familiares de una víctima de la dictadura fascista  lanzaba consignas contra el tirano. Las hienas de la DINA, eran animales prostituidos, drogados y perversos. Para que hablar de los doctores o literatos fascistas. Se escribe tanto sobre los infiltrados, se dan nombres, pero, bueno, andan libres por las calles del mundo. Recuerdo a Rafael Maroto como un buen cura y compañero. Nunca fue ingenuo ni tonto. Es verdad que la prostitución también tiene su ideología. Muchas putas y cabrones eran fascistas. Sabemos tanto de sus traiciones porque, bueno, a veces las putas son como un confesionario y sus clientes, con la pipa y más encima empelota, narraban cosas para darse importancia y, al final, entregaban informaciones a la DINA. Las confesiones de un carretero no son iguales a las de un parroquiano que cree en Dios, en la iglesia y en sus curas.

Analizando la crónica de la Nación del 11 de Junio del 2006, que aparece hoy (1.2.09) en el Web de “Chileinforma.com” llego a tener dudas del archivo encontrado por la “LND”. Un agente de la DINA, Alberto  Palacios  González se inventó una historia de perseguido político y trabó contactos con el obispo Fernando Ariztía. Según las notas del archivo, pues ahí se daba comienzo a la infiltración de la DINA.

Podrá ser verídico eso de la historia de perseguido político, obvio, pero no concuerda con la filosofía de Maroto, ni mucho menos, que un perseguido político se ocupe de crear una red de escape para sacar de Chile a los camaradas en peligro. 

  Tampoco cuadra la entrega de dineros al agente Palacios para que sacara de Chile a los perseguidos . La iglesia andaba sin platas… Maroto siempre pato. Cierto que los archivos escritos por la DINA no fueron firmados por los sospechosos o víctimas, por lo cual, creo, se busca de dar culpas a un hombre, cuya política humana, no concuerda con lo escrito.

A los pocos meses del golpe militar unos camaradas  del PS chileno  me presentaron a Maroto. Me habían venido a buscar para que me fuera hacia Alemania. Maroto estaba dentro de una  camioneta, junto a los  camaradas socialistas. No subí ni me asilé. Los camaradas, por suerte,  llegaron sanos a Europa. Maroto me dijo que yo era un irresponsable porque los  camaradas estaban ya en el  “libro blanco” de Pinochet y que yo no tenía posibilidades de sobrevivir. Nunca me arrepentiré de haberme quedado en la patria.  Seguí en contacto con Maroto. Muchos familiares de camaradas miristas llegaron a pedir que los sacaran de la patria. Cierto que los familiares de un mirista corrían el peligro de ser exterminados. Maroto no sacaba al exilio a los asustados. Muchos camaradas del exilio que tuvieron el honor de conocer a Maroto, creo, que estarán de acuerdo con lo que digo y defiendo. Maroto era uno que no se creía cuentos inventados.  Para sacar un camarada de Chile debía ser uno que era buscado hasta con helicópteros… Por eso me saltan tantas dudas sobre las notas del archivo… porque se quiere manchar la lealtad, el coraje, la humanidad de un hombre que arriesgaba su vida por salvar a los compañeros comprometidos. Las operaciones de los infiltrados de la  DINA tienen tantas contradicciones. Cierto que es justo que el mundo conozca sus asquerosidades cometidas, eso es positivo, pero estuve también en Argentina, no como exiliado, y me di cuenta que esa nación  no era el resto del mundo. Los agentes infiltrados se concentraban sólo en ése país cuando con Maroto los compañeros que   salieron de Chile  llegaron todos a Europa y no a la Argentina. En la lista del archivo figuran curas sospechosos, detenidos, interrogados pero no los ejecutados.

Se sabe que todos los curas comprometidos terminaron mal. Recuerdo unos curas nórdicos que se pusieron a disparar contra los milicos que estaban de guardia en una panadería.  Era el 1973. !Un putiferio! Los soldados disparaban a medio mundo. Los curas fueron capturados y, seguramente, ejecutados. Un amigo soldado, antifascista, que se encontraba conmigo en el momento de la balacera me dijo: “godosky” camina a mi lado… no dando la espalda a los soldados sino que hacia ellos… verás que no nos harán nada. Dicho y hecho. Los soldados sabían que eso era un deja pasar porque todo el mundo que vive en pánico no corre hacia el lugar en el cual se encuentran los que disparan. Curas comprometidos que eran delatados por los mismos vecinos del barrio. Ahora el fichaje de los comprometidos me parece raro. El archivo de la DINA habla de un informe “Numero 7”  sobre los curas conflictivos. No me cuadra nada del archivo porque con Maroto sabíamos tantas cosas. Es extraño que se nombre a Maroto que trabaja con el Agente de la DINA, ósea con Palacios. Un perseguido político, según la idea de Maroto, no puede dedicarse a sacar compañeros al exilio. !Era absurdo! Comprometía todo el rodaje de cosas, de los que nos quedamos, de los que iniciaban a tejer la red de la resistencia.

Las operaciones militares, antes del golpe y después del golpe, habían enseñado a Maroto tantas cosas. Es inútil que se muestre al camarada Rafael como un ingenuo. Todos los desaparecidos, esos que cayeron en la trampa de Palacios, pues no pasaron por Maroto porque siento tanto que haya fallecido ya que él habría respondido contra todo lo que se escribe en el archivo.

En fin, los curas fascistas siempre han existidos. Maroto fue un combatiente generoso, un cura para muchos, para los que lo recordamos, un cuadro completo que merece, no una beatificación, sino que una calle con su nombre.
 Calle, Rafael Maroto.
Ivan Godosky