Es la caída de la tasa de ganancia del capital lo que gatilla la nueva crisis y abre paso al neoliberalismo. Una ley de la economía formulada por el análisis marxista nos muestra que debido a la competencia entre los capitalistas, la tasa de ganancia del capital tiene luego de un periodo de ascenso una tendencia histórica a decrecer.
Esta caída de la tasa de ganancia se sobrellevó en EE.UU. con la incorporación masiva de la mujer al mundo del trabajo en la década de los ’60. Es decir se le pagó a la clase trabajadora americana lo mismo por casi el doble de la fuerza de trabajo. En la Europa de los ’70 la caída de la tasa de ganancia se compensó con el desmantelamiento del estado de bienestar.
El agotamiento del ciclo ascendente de la acumulación capitalista se entroncó con otras causas pre existentes que también apuntaban a la crisis en las economías periféricas, como nuestra América Latina. Nuestras economías tenían (tienen) un débil desarrollo industrial, mantenían estructuras agrarias precapitalistas y eran esquilmadas en sus riquezas naturales por las economías centrales, en nuestro caso por EE.UU.
La aparición de la industria produjo una fuerte inmigración del campo a la ciudad, sin que ésta última pudiera asimilar en condiciones humanas a los recién llegados. El despoblamiento del campo y la mantención de sus estructuras más como una forma de vida cuasi feudal que como una rama productiva acentuaron la crisis. Mezcla explosiva; débil producción, masas pauperizadas, estructuras sociales envejecidas aùn a la luz del propio desarrollo capitalista y un Tío Sam depredador.
Así el hilo se cortó por lo más delgado el 1 de enero de 1959 en Cuba.
En apariencia la isla debía ser un eslabón fuerte. Vecino inmediato de EE.UU., era objeto privilegiado de las inversiones de la poderosa mafia americana. Recordemos que en 1957 La Habana tenía siete canales de televisión y que los automóviles del año aparecían simultáneamente con Nueva York. En 1947 la mafia americana celebró un espectacular “congreso” en el Hotel Nacional de La Habana al que asistieron 800 personas entre gangsters y asesores, estaban allí Meyer Lansky y Lucky Luciano, el evento se inauguró con un número artístico encabezado por Frank Sinatra. El oropel del capitalismo y su secuela de drogas, prostitución y delincuencia brillaban en todo su esplendor. Pero la isla albergaba en su seno todas las contradicciones que configuraban la crisis.
EE.UU. nunca atendió a la gravedad de lo que pasaba ni de sus enormes potencialidades políticas. La pobreza al sur del río Bravo siempre había sido parte del paisaje.
La URSS por su parte amarrada a sus comprensibles y razonables intereses por la paz mundial, seguía respetando el patio trasero americano y así sus partidos comunistas afines repetían como una letanía la idea de la revolución por etapas, con un amplio abanico de clases que desarrollara paulatinamente las tareas de lo que hoy llamaríamos modernizaciones.
La revolución fue un impacto y una sorpresa en toda la línea.
Cuando las columnas de Fidel, Che y Camilo recorrían la Sierra Maestra golpeando al ejército batistiano había partidos comunistas latinoamericanos que llamaban a esto “aventurerismo pequeño burgués”. No así el pequeño PC cubano que se llamaba Partido Socialista Popular, que se incorporó con prontitud a la lucha guerrillera.
La revolución cubana derribó varios mitos:
Primero: que era imposible realizar una revolución que subsistiera contra los intereses hegemónicos de EE.UU. y menos a 90 millas de sus costas,
Segundo: que las revoluciones se hacían con el ejército, sin el ejército, pero nunca contra el ejército,
Tercero: que una revolución socialista sólo la hacía la clase obrera, dirigida por un partido pertrechado por la ideología del marxismo, que luego difundía entre las clases oprimidas y al fin surgía el “Ejército Rojo”,
Cuarto: que la URSS era el partido dirigente del movimiento revolucionario mundial y que por ende las revoluciones socialistas sólo la hacían los partidos comunistas.
El partido revolucionario no existía cuando las columnas guerrilleras entraron en La Habana el 8 de enero de 1959, el ejército batistiano había sido derrotado completamente en el campo de batalla, la base guerrillera estaba en los campesinos y en jóvenes profesionales “pequeño burgueses”, el Movimiento 26 de Julio no tenía influencia ni americana ni soviética, el partido comunista cubano (PSP) era un componente muy menor de la lucha guerrillera, la ideología del marxismo leninismo no estaba en el pensamiento dominante del “26 de Julio”, lo que predominaba era el pensamiento martiano, sus combatientes se llamaban a sí mismos la generación del centenario (del nacimiento de José Martí); era una revolución cubana y latinoamericana hasta los huesos.
El nuevo gobierno revolucionario de La Habana dio varios golpes contundentes a los pocos meses de hacerse del poder:
Primero: contra viento y manera, aunque “nos lluevan rieles” dirá Camilo Cienfuegos, se da inicio a la Reforma Agraria, la cual incluyó las enormes extensiones de la familia de Fidel Castro en el oriente de la isla.
Segundo: se da partida a una masiva campaña de alfabetización que lleva a miles de jóvenes alfabetizadores a los lugares más recónditos de la “manigua”, es el pensamiento de la Ilustración europea puesto en acción.
Tercero: dictó la Ley de Reforma Urbana, los palacios abandonados se distribuyen entre los campesinos pobres, nadie puede ser ya desalojado de una vivienda.
Cuarto: puso fin a las múltiples actividades de la mafia americana en la isla.
Los viejos y corrompidos partidos políticos tradicionales de Cuba se diluyeron. Los afectados por las nuevas medidas pasaron abiertamente a la conspiración y la oposición armada. La lucha de clases se agudizó en grado extremo.
EE.UU. actuó con prontitud. Recibió a los batistianos en huida, les reagrupó, pertrechó y orientó políticamente. Aumentó los precios del petróleo a niveles insostenibles para la economía cubana. La isla compró el petróleo en el campo socialista a precios razonables. Las refinarías americanas se negaron a refinarlo, los cubanos expropiaron las refinerías sitas en su territorio. EE.UU. exigió indemnizaciones impagables, principal comprador de azúcar cubana, puso limites asfixiantes a las importaciones de la isla. Se rompieron las relaciones diplomáticas. La CIA digitó los grupos terroristas al interior de Cuba.
Estalla la crisis política en América Latina.
Se daban los componentes esenciales. El estrangulamiento económico, social y moral de enormes masas latinoamericanas y paralelamente un país que exploraba con éxito un camino de salida. Los de abajo no aceptaban ya que las cosas siguieran como estaban y los de arriba no podían mantener las cosas como estaban.
EE.UU. cree que la crisis se puede superar, como dirá después Alexander Haig, “hay que ir a la fuente”. En 1961 el desembarco de tropas financiadas, entrenadas y pertrechadas por la CIA en Playa Girón termina con un desastre militar de proporciones. Los invasores se rinden y luego serán remitidos a EE.UU. bajo compensación simbólica de alimentos en latas para bebés (compotas). La prensa cubana proclama: “Primera derrota del imperialismo en América Latina”.
Luego EE.UU. implementa en América Latina la llamada Alianza para el Progreso para evitar las guerrillas.
Paralelamente intenta crear el Ejército Interamericano, es decir EE.UU. busca ahorrar sangre americana para aplastar un movimiento guerrillero que, aunque ingenuo e inexperto, surge por doquier. Con mucha dignidad el Presidente chileno de derecha, Jorge Alessandri, se opone a dicha iniciativa. Esta derivará en el Pacto de Ayuda Militar (PAM).
El país del norte crea en Panamá la llamada Escuela de las Américas. Se entrena allí a los oficiales y cuadros permanentes de los ejércitos latinoamericanos en la llamada lucha contrainsurgente.
En 1962 Cuba es expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA) en la reunión de Punta del Este. Se le acusa de promover la subversión en Venezuela y América Latina.
En un acto en la Plaza de la Revolución José Martí, Fidel responde con la Segunda Declaración de La Habana, en su parte final se lee:
“Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados, la van a escribir las masas progresistas; los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina; lucha de masas y de ideas; epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño. Nos consideraba rebaño impotente y sumiso; y ya se empieza a asustar de ese rebaño; rebaño gigante de 200 millones de latinoamericanos en los que advierte ya a sus sepultureros el capital monopolista yanqui.
“Con esta humanidad trabajadora, con estos explotados infrahumanos, paupérrimos, manejados por los métodos de foete (N. de la R. Explicar significado) y mayoral no se ha contado o se ha contado poco. Desde los albores de la independencia sus destinos han sido los mismos: indios, gauchos, mestizos, zambos, cuarterones, blancos sin bienes ni rentas, toda esa masa humana que se formó en las filas de la «patria» que nunca disfrutó, que cayó por millones, que fue despedazada, que ganó la independencia de sus metrópolis para la burguesía, ésa que fue desterrada de los repartos, siguió ocupando el último escalón de los beneficios sociales, siguió muriendo de hambre, de enfermedades curables, de desatención, porque para ella nunca alcanzaron los bienes salvadores: el simple pan, la cama de un hospital, la medicina que salva, la mano que ayuda.
“Pero la hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la viene señalando, con precisión, ahora, también de un extremo a otro del continente. Ahora, esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el continente con una misma tristeza y desengaño, ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir. Porque ahora, por los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o en el tráfico de las ciudades o en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo lleno de razones, con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi 500 años burlados por unos y por otros. Ahora sí, la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia. Ya se les ve por los caminos un día y otro, a pie, en marchas sin término de cientos de kilómetros, para llegar hasta los «olimpos» gobernantes a recabar sus derechos. Ya se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, de un lado y otro, cada día, ocupando las tierras, fincando sus garfios en la tierra que les pertenece y defendiéndola con su vida; se les ve, llevando sus cartelones, sus banderas sus consignas; haciéndolas correr en el viento por entre las montañas o a lo largo de los llanos. Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron.
“Porque esta gran humanidad ha dicho: «¡Basta!» y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera, irrenunciable independencia”. ¡Patria o muerte!
¡VENCEREMOS!
EL PUEBLO DE CUBA
La Habana, 4 de febrero de 1962
Una formidable ola revolucionaria sacudirá América Latina durante las siguientes dos décadas. Ese gigantesco movimiento ora de masas, ora guerrillero, ora ambas cosas a la vez, será ahogado en sangre por el imperio norteamericano a través de su estrategia de contrainsurgencia, para cuya implementación será clave la Escuela de las Américas de Panamá.
ROBERTO AVILA TOLEDO
