México, DF.- Lauro Zavala (1952) preside la Asociación Mexicana de Teoría y Análisis Cinematográfico que el próximo 22 de octubre inaugurará su primer Congreso Internacional. Doctor en Literatura Hispánica, autor de numerosas antologías y de propuestas novedosas en teoría literaria, semiótica visual y epistemología. Entrevistado por Clarín.cl sobre el séptimo arte y el aislamiento de los libros universitarios en México, dice: “Son libros secretos. Nadie los conoce”.
MC.- ¿Qué algoritmos o ecuaciones hay entre “jurisprudencia lexical” y el análisis de la intertextualidad? ¿en qué consisten sus modelos?
LZ.- Los modelos que he elaborado tienen una finalidad didáctica. No son mecanismos para investigar, pues la investigación siempre es sorprendente, impredecible e irónica, aunque depende de la disciplina del investigador. Con este interés didáctico he elaborado numerosos glosarios. Pero no forman entre todos ellos un diccionario, ni siquiera una enciclopedia (en el sentido que da Umberto Eco a este término). Son casos de reciclaje semántico de términos ya existentes, como ocurre con la palabra arroba. Por eso los llamo casos de jurisprudencia lexical. Es decir, el registro de casos en los que alguien ha empleado un término ya existente en un contexto nuevo, y le ha dado un sentido distinto del original. Este mecanismo lúdico posmoderno se aleja de la tradición clásica, que consiste en acuñar un término nuevo para un concepto nuevo. Porque lo que está en juego en la intertextualidad (en la teoría, la investigación, la vida cotidiana y la estética posmoderna) no son los términos que usamos, ni los conceptos que éstos refieren. Lo que está en juego son los contextos. Es decir, los lentes que usamos para ver (y nombrar) las cosas. Podemos observar un mismo fenómeno y descubrir sentidos sorprendentes al utilizar los enmarcamientos que producen distintos términos. Este juego resulta particularmente pertinente al estudiar la intertextualidad. Aquí es donde la investigación se vuelve apasionante y tan creativa como escribir una novela. Por ejemplo, las tesis que dirijo tienen como objetivo la creación de modelos de análisis, no la aplicación de un modelo ya establecido. Hasta ahora he dirigido poco más de 200 tesis de semiótica. Pero, como todo trabajo académico, éste es un trabajo secreto, que nunca aparecerá en los titulares de la prensa. Su efecto tiene otra escala. MC.- ¿Ha explorado escribir un guión de cine? LZ.- Alguna vez escribí un guión de largometraje. Es una historia de aventuras antropológicas en un viejo monasterio abandonado. Tormenta de arena. Pero me desespera concentrarme en una sola historia, cuando la teoría permite estudiar todas las historias posibles. El tiempo invertido en escribir un guión (varios meses) se puede aprovechar viendo o analizando varias docenas de cuentos o películas. Supongo que es cuestión de temperamento. Para mí es más cómodo manejar un jeep que un sedán. Prefiero la apasionante teoría (donde todo es significativo) a la tediosa producción (siempre llena de tiempos muertos). Prefiero la aventura, la disciplina argumentativa y el descubrimiento (conceptual y narrativo) a la rutina de convivir con un mismo personaje. En fin, recuerdo que cuando di mi primer curso en la universidad, una alumna me dijo, al observar que la teoría me apasiona: ‘¡Hay gente para todo!’ MC.- ¿Qué autores latinoamericanos tienen biografías dignas de una cinta fílmica? LZ.- Todos. El hecho de ser escritores los hace irrepetibles. Y profundamente humanos, como cada espectador. Creo que el género de las biopics es el más generoso de todos, precisamente porque todo cabe en la crónica de una vida humana. Y si esa vida es tan plena como la de un escritor, el resultado siempre será digno de ser atendido y disfrutado por los espectadores. MC.- ¿Cuál es la importancia del Congreso Internacional de Análisis Cinematográfico? LZ.- Éste es el cuarto congreso que organiza la Asociación Mexicana de Teoría y Análisis Cinematográfico, de la cual soy presidente. Desde hace dos años integramos SEPANCINE, es decir, el Seminario Permanente de Análisis Cinematográfico. En este momento somos 48 investigadores de 25 universidades del país. En la mayor parte de los casos, cada uno de nosotros es el único investigador de teoría y análisis del cine en su institución. En este lapso hemos publicado dos números monográficos de revistas (dedicados a El Placer de Ver Cine y a La Investigación del Cine en México), y tenemos en prensa tres libros colectivos (sobre Semiótica y Estética del Cine; sobre Métodos de Análisis Cinematográfico, y sobre El Cine Mexicano Contemporáneo). Como asociación profesional hemos participado recientemente en la conceptualización del proyecto para la creación del Museo Nacional del Cine (que tendrá sedes en cada estado). Pero el proyecto más ambicioso es la creación de la Maestría en Teoría y Análisis Cinematográfico, en la UAM Xochimilco. Este mismo año lo presentaremos al consejo divisional, y creo que podría entrar al presupuesto para el período 201o-2011. Éste es el proyecto en el que he estado pensando desde hace casi 40 años. MC.- ¿El número de ponencias recibidas superó las expectativas del Comité Organizador? ¿Quiénes serán las cartas fuertes del Congreso Internacional de Análisis Cinematográfico? LZ.- En cada uno de los tres congresos nacionales participaron 25 analistas. En este congreso internacional esa cantidad se triplicó. Y casi la tercera parte vienen de Brasil, donde las redes de investigadores universitarios están especialmente organizadas. El congreso será inaugurado con la conferencia de Warren Buckland, de la Universidad de Oxford. Él hablará sobre la semiótica cognitiva del cine, que es su propuesta para integrar las dos más importantes teorías actuales del cine, precisamente el cognitivismo y la semiótica. Y presentará esta propuesta en el marco de su más reciente libro, Puzzle Films. Es decir, películas que es necesario ver al menos dos veces para saber de qué tratan. Aquí hablará sobre el cine de David Lynch. MC.- ¿En qué libros trabaja? ¿géneros literarios, semióticos o cinematográficos? LZ.- Semiótica cinematográfica como una forma de ficción. Esta semana se presentó en el Palacio de Bellas Artes mi libro Ironías de la ficción y la metaficción en cine y literatura (UACM), que me llevó 24 años de trabajo. Este 2008 están por aparecer mi Antimanual del museólogo (Hacia una museología del espacio cotidiano); Cómo estudiar el cuento, y el libro de texto Teoría y práctica del análisis cinematográfico (La seducción luminosa). Ayer salió de la imprenta mi único libro de creación literaria, Instrucciones para asesinar a un profesor, que está formado por diversas viñetas de la vida académica, escritas entre 1976 y 2007 (UABCS). Es un libro irónico sobre temas muy serios, donde trato con seriedad situaciones irónicas. Ahora estoy reuniendo y reescribiendo los materiales que he elaborado en los últimos 16 años para estudiar la traducción entre sistemas semióticos (como la literatura y el cine, la historieta y el cine, la pintura y el cine o la filosofía y el cine). Es un modelo de análisis glosemático, es decir, centrado en la forma del contenido (los componentes formales de cada sistema), y está acompañado por 24 ejemplos de análisis que he preparado para diversos cursos.
MC.- Finalmente, ¿hojeó el Diccionario de escritores mexicanos de Aurora Ocampo? (UNAM, 2007) y ¿el polémico Diccionario crítico de la literatura mexicana de Christopher Domínguez? (FCE, 2007)
LZ.- El Diccionario que publicó el FCE a Christopher es una tomadura de pelo y una vergüenza internacional. No creo que nadie lo tome en serio. Pero desafortunadamente, en México las cosas siguen funcionando por amiguismo. Y el FCE, que alguna vez llegó a ser una de las editoriales más prestigiosas en lengua española, sigue teniendo una de las redes de difusión y distribución más impresionantes del continente. En el otro extremo de la industria editorial, el Diccionario coordinado por Aurora Ocampo es una obra monumental, imprescindible para la investigación y elaborado por un equipo profesional a lo largo de muchos años de trabajo concienzudo y cuidadoso. Pero al ser publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es una colección de libros casi secretos, sólo para investigadores profesionales y para las bibliotecas universitarias. Esta obra un orgullo para la comunidad de investigadores y escritores del país.
