La derecha aspira a la alternancia en el poder para ejercer el gobierno, después de cincuenta años desde que la ciudadanía depositará su confianza en esta coalición, eligiendo a Jorge Alessandri Rodríguez, el año 1958 para que asumiese la primera magistratura del país.
Desde esa fecha, descontando la participación de este conglomerado en la gestión de la dictadura militar, no han vuelto a recibir la confianza de los electores, lo que refleja una clara desconfianza y falta de credibilidad respecto de su verdadero compromiso con el país, que vaya más allá de sus compromisos con los intereses empresariales y financieros de la burguesía nacional.
Y es que el propio gobierno de Alessandri dejó en evidencia en la época ciertos niveles de corrupción, en la que se vieron envuelto algunos ministros vinculados al contrabando, en un país cuya economía era cerrada, y por tanto la importación de productos era afectada por fuertes gravámenes, lo que encarecía su internación. Esta norma fue vulnerada por algunas autoridades del gobierno derechista, provocándose un escándalo de proporciones en la sociedad en aquellos años.
Pasaron quince años y vino el golpe militar, asumieron el poder con un discurso sostenido en la probidad y en cierta moral administrativa, antiguos personeros de la derecha y otros aparecidos a comienzo de la década del setenta se fueron involucrando en negocios irregulares como fueron las transferencias de la empresas del Estado al sector privado, en ventas irrisorias por sus montos de adquisición, desmantelando una parte importante del patrimonio del país, lo que permitió que grupos de profesionales afines a Pinochet se enriquecieran convirtiéndose de la nada en empresarios emergentes y de gran prestigio público, entre estos un yerno del propio dictador.
Luego vino la transición y se comenzó a destapar “la olla”, vale decir, un conjunto de operaciones fraudulentas que fueron descritas por doña María Olivia Monckeverg en su libro “ El Saqueo”. Pero los “enjuagues” fueron más allá, y por una circunstancia quedó al descubierto la fortuna de los Pinochet en Bancos internacionales, situación que aun investiga la justicia.
Pero la derecha se fue apropiando de gran parte de los medios de comunicación escritos, y desde allí, y anclados en un nuevo referente: La Alianza “por Chile”, fueron lavando su imagen de comerciantes asiduos a la usura y el lucro como vocación de lucha y “esfuerzo de su conglomerado”, y con una sólida estrategia de propaganda ganaron algunas de las elecciones comunales para acceder a la gestión de gobernar comunas en diferentes lugares del país. Se conseguía por primera vez en democracia, el anhelado sueño de la alternancia en el poder.
Y así fue que comunas como Huechuraba, Recoleta, Nuñoa y La Florida entre otras, tuvieron por primera vez en la cabecera de sus alcaldías a connotados lideres emergentes de este conglomerado: Carolina Plaza, Gonzalo Cornejo, Pedro Sabat, Pablo Zalaquett, una nueva generación de políticos derechistas, su característica principal, autoritarios, concentradores del poder en torno a sí mismos, autosuficientes, represores de sus adversarios y caciques en sus territorios.
La expectativa era observar que tipo de gestión realizarían durante sus mandatos, y el resultado fuera de instalar pequeñas dictaduras territoriales, no se caracterizaron por su creatividad en el ejercicio de su administración. Se desempeñaron bien, hicieron lo que habitualmente hace cualquier alcalde, incluso fueron reelectos alcanzando un cierto grado de legitimidad entre la población; pero después de algunos años, cayeron ante la mirada rigurosa de la Contraloría General de la Republica, y nuevamente fueron puestos en tela de juicio por posibles sesgos de corrupción y exceso de clientelismo político.
Plaza renunció a la UDI, Cornejo no-se repostuló, Sabat está siendo investigado, y Zalaquett es uno de los ediles más mal evaluados de la Región Metropolitana. La actitud de las cúpulas de la derecha fue tratar de encubrir a sus militantes o brindarles apoyo indirecto para no comprometer la imagen del activo político más allá de lo razonable.
Y otra vez el fantasma de la corrupción merodeando entre sus filas. Por su parte, su líder principal de acuerdo con las encuestas, Sebastián Piñera, mantiene un discurso ecléctico en este sentido. Experto en negocios especulativos y en retórica mediática trata de convencernos que su opción presidencial cambiaría el estado de situación en la que se encuentra el país. Pero la experiencia histórica indica otra cosa, sus actores no fueron ni son un grupo de experiencia en materias de políticas y administración pública. No han demostrado eficiencia donde han desempeñado roles de gestión. Son una opción poco viable para darle gobernabilidad al país. Por tanto, la ciudadanía si actúa razonablemente debe potenciar a aquellos que le asignen una mayor relevancia al Estado, y no a aquellos que aspiran a acceder a él para continuar desmantelándolo.
