Si Chile quiere democracia, debe evitar que la Derecha asuma el poder (1). Tal afirmación hecha hace unos días en Clarín.cl habría pasado inadvertida si se hubiera planteado cuando se aproximaba la primera elección presidencial después del mítico triunfo del NO, sin embargo, pronunciada en nuestros días, llama la atención por su crueldad si es que el mensaje estuviera dirigido al sector que siempre con sus votos ha impedido, las veces que el país se ha encontrado en ese trance, precisamente que la derecha asuma el control del poder ejecutivo.
Desde luego que estoy de acuerdo con la frase del autor de la nota citada considerándola en términos absolutos, ya que para nadie es un misterio que la Derecha chilena tiene vocación golpista, autoritaria y hegemónica. Sin embargo, tal afirmación, relativizada por la historia reciente – de casi 2 décadas -, mediante la sorprendente conducta que hemos observado de las cúpulas gobiernistas, nos llevan a plantearnos ciertas preguntas que considero necesarias.
Vislumbro a lo menos tres formas de intentar que la derecha no asuma el gobierno:
i) Pedirles una vez más a la izquierda que no está en la Concertación y a la que por estos días está desertando copiosamente de ella, que concurran con su voto a elegir al próximo gobierno de la Concertación , prometiéndoles que se profundizará la democracia, que se respetará el medio ambiente, que detendrán la practica de golpear y tergiversar a los representantes de las etnias originarias, que los jóvenes tendrán oportunidades y que los trabajadores tendrán un mejor trato que estará reflejada en las leyes laborales, digo, que los vuelvan a favorecer por enésima vez con su incondicional voto – donde n = 5 -.
ii) Que la propia Concertación modifique su mala conducta, dando señales inequívocas de representar en su coalición los principios de la Izquierda – patrimonio del pueblo-, para merecer sus votos.
iii) Que la Derecha , motu proprio, desista competir seriamente, puesto que consideren que es irrelevante para ellos la presidencia, simplemente porque el modelo al que aspiraban, se ha realizado por la Concertación de manera óptima. De manera que cambiar de mando, podría malograr lo que se ha consolidado durante estos gobiernos.
Considerando que la cuestión de fondo planteada es evitar que la derecha asuma el poder si es que efectivamente queremos democracia, dando por supuesto, que la democracia existe en la realidad de nuestro país, es necesario definir entonces, si es que existe verdaderamente democracia en un país en que la generación de los representantes populares está regida por una Carta Magna que fue sometida a plebiscito, aprobada y promulgada durante una Dictadura, que al momento de realizarlo, no existían ni siquiera registros electorales y había un fuerte control mediante el terror, adulterando consecuentemente la voluntad de las decisiones políticas de los ciudadanos.
Tal sistema electoral, no puede ser considerado democrático, puesto que excluye a un sector relevante de la sociedad. Y casi 20 años de su espuria práctica, sólo desprestigia a una clase política que quisiera mostrarse con méritos de demócratas.
De manera que hablar de profundizar la democracia, resulta desconcertante oírlo, puesto que la sociedad civil no ha sido considerada, a pesar de que se le invita a integrar todo tipo de comisiones cuyos acuerdos son negados a la hora de los quiubos.
Espacios de participación, toma de decisiones, acuerdos con el Estado, democratizar la economía redistribuyendo el Ingreso, resultan frases en cierto modo obscenas de repetir por estos conflictivos días. Empecemos por democratizar el país exigiendo cambiar el sistema binominal, hagamos política poniendo a la Derecha entre la espada y la pared. Situaciones no han faltado y no faltarán.
Un cambio democrático en la generación de los representantes, dará otro orden político que permitirá sellar acuerdos a la ciudadanía con el Estado y no estará la disculpa vitalicia, de que la Derecha no concurre con sus votos. No será necesaria en esa situación hablar de un etéreo énfasis en lo social, palabras verdaderamente gastadas por la vergüenza, o la otra célebre de: en la medida de lo posible.
No veo realmente qué pueda hacer la Derecha distinto a lo que ha hecho la Concertación.
La dirección y el sentido de la radicalización del fundamentalismo neoliberal, fue zanjado mal que nos pese, a los pocos días del triunfo del NO, y el debilitamiento de las funciones del estado que hemos observado desarrollar con verdadera diligencia, no es más que su corolario.
Corolario que concluirá cuando Codelco sea convertido en Sociedad Anónima, trámite que será más expedito si los que gobiernan actualmente, vuelven a repetirse el plato.
Nada puede hacer ya la Concertación. Aparte de pedir disculpas.
(1) http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=12503&Itemid=3223
Vislumbro a lo menos tres formas de intentar que la derecha no asuma el gobierno:
i) Pedirles una vez más a la izquierda que no está en la Concertación y a la que por estos días está desertando copiosamente de ella, que concurran con su voto a elegir al próximo gobierno de la Concertación , prometiéndoles que se profundizará la democracia, que se respetará el medio ambiente, que detendrán la practica de golpear y tergiversar a los representantes de las etnias originarias, que los jóvenes tendrán oportunidades y que los trabajadores tendrán un mejor trato que estará reflejada en las leyes laborales, digo, que los vuelvan a favorecer por enésima vez con su incondicional voto – donde n = 5 -.
ii) Que la propia Concertación modifique su mala conducta, dando señales inequívocas de representar en su coalición los principios de la Izquierda – patrimonio del pueblo-, para merecer sus votos.
iii) Que la Derecha , motu proprio, desista competir seriamente, puesto que consideren que es irrelevante para ellos la presidencia, simplemente porque el modelo al que aspiraban, se ha realizado por la Concertación de manera óptima. De manera que cambiar de mando, podría malograr lo que se ha consolidado durante estos gobiernos.
Considerando que la cuestión de fondo planteada es evitar que la derecha asuma el poder si es que efectivamente queremos democracia, dando por supuesto, que la democracia existe en la realidad de nuestro país, es necesario definir entonces, si es que existe verdaderamente democracia en un país en que la generación de los representantes populares está regida por una Carta Magna que fue sometida a plebiscito, aprobada y promulgada durante una Dictadura, que al momento de realizarlo, no existían ni siquiera registros electorales y había un fuerte control mediante el terror, adulterando consecuentemente la voluntad de las decisiones políticas de los ciudadanos.
Tal sistema electoral, no puede ser considerado democrático, puesto que excluye a un sector relevante de la sociedad. Y casi 20 años de su espuria práctica, sólo desprestigia a una clase política que quisiera mostrarse con méritos de demócratas.
De manera que hablar de profundizar la democracia, resulta desconcertante oírlo, puesto que la sociedad civil no ha sido considerada, a pesar de que se le invita a integrar todo tipo de comisiones cuyos acuerdos son negados a la hora de los quiubos.
Espacios de participación, toma de decisiones, acuerdos con el Estado, democratizar la economía redistribuyendo el Ingreso, resultan frases en cierto modo obscenas de repetir por estos conflictivos días. Empecemos por democratizar el país exigiendo cambiar el sistema binominal, hagamos política poniendo a la Derecha entre la espada y la pared. Situaciones no han faltado y no faltarán.
Un cambio democrático en la generación de los representantes, dará otro orden político que permitirá sellar acuerdos a la ciudadanía con el Estado y no estará la disculpa vitalicia, de que la Derecha no concurre con sus votos. No será necesaria en esa situación hablar de un etéreo énfasis en lo social, palabras verdaderamente gastadas por la vergüenza, o la otra célebre de: en la medida de lo posible.
No veo realmente qué pueda hacer la Derecha distinto a lo que ha hecho la Concertación.
La dirección y el sentido de la radicalización del fundamentalismo neoliberal, fue zanjado mal que nos pese, a los pocos días del triunfo del NO, y el debilitamiento de las funciones del estado que hemos observado desarrollar con verdadera diligencia, no es más que su corolario.
Corolario que concluirá cuando Codelco sea convertido en Sociedad Anónima, trámite que será más expedito si los que gobiernan actualmente, vuelven a repetirse el plato.
Nada puede hacer ya la Concertación. Aparte de pedir disculpas.
(1) http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=12503&Itemid=3223
