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Agosto 18, 2026

El valórico de la Morálica

Impedir mediante una acción política encarnada en un requerimiento legal que un medicamento llegue a sus potenciales usuarios puesto que se considera que este hecho es atentatorio contra un valor fundamental de un sector de la sociedad que ejerce ese recurso es todo un éxito para el que lo ha solicitado.

Sobre todo porque ese medicamento es nada menos que atentatorio contra la vida misma según el sector conocido como conservador, y además porque paralizaron -de yapa- otros medicamentos y dispositivos intrauterinos que se entregaban y se ponían gratuitamente desde tiempos inmemoriales a nuestras mujeres en el Servicio de Salud Pública.
 
Sin embargo su éxito no ha sido completo, se ha paralizado su distribución gratuita, pero no su distribución comercial. Este hecho es muy significativo, puesto que generará una masiva demanda de este medicamento a las farmacias monopolizadas por 2 o 3 “cadenas de farmacias” que existen, como es de público conocimiento.
 
Será una verdadera estampida de violadores de valores conservadores que pagarán cualquier precio cuando emigren hacia los canales de distribución que ofrece el nada de transparente mercado de medicamentos. Una verdadera fiebre del postinor se desatará, con todas las consecuencias no deseadas propias de estos inusuales fenómenos. Y la postura de la T de cobre desde luego que no será cubierto enteramente por los profesionales de la salud competentes, debiendo ser asumida en subsidiaridad por técnicos que el mercado formal e informal, seguramente capacitará para prestar tal urgente servicio.
 
Es de esperar entonces que el conservadurismo, ahora que ha potenciado su presencia de ánimo por el fallo aprobatorio del Tribunal Constitucional, vuelva a la carga con otro requerimiento que frene esta especie de burla a lo que la ley les ha concedido. Hay que considerar que es la Constitución de 80 la que incorporó esa anómala institución llamada TC y que las posteriores reformas que culminaron con lo que se podría llamar la Constitución de Lagos, se han encargado de ratificar.
 
Este triunfo al parecer definitivo, es un triunfo de la derecha que cobija a esos victoriosos conservadores a ultranza que ostenta, y es también un pequeño triunfo sobre la Concertación en su campaña por maniatarla.
 
La derecha no se manifiesta abiertamente en este caso, no hace un aro para celebrar como sería lo consecuente, está ciertamente ensimismada en su práctica carroñera de practicar la política. Tienen un trofeo mayor en la mente, es el festín de la ministra de educación el que desean servirse, es el cuerpo y alma de rasgos populares e indígenas de La Provoste que espera en la  mesa servida de estos personajes de la conocida clase alta que desatan su soberbia ancestral, cuando rostros populares ostentan altos cargos.
 
Yo registro el rictus burlesco de estos señoritos y señorones que me ha tocado observar de cerca en sus peculiares manifestaciones humorísticas y que tienen siempre el mismo hilo conductor: el clasismo-racismo.
 
Recuerdo que se decía que el ministro Correa era apodado el Pebre, puesto que se afirmaba que era “preparado y picante”. Otra menos difundida escuché a un intelectual decir, que al entonces ministro Ominami le decían el jarro, ya que era mitad japonés y mitad roto. La última que tengo en la retina, es la de la portada de un semanario de elite, una foto de la cara de la ministra Yasna Provoste tenía la lectura de “Camboyasna”, incorporando una variable sexual a la descalificación de clase.
 
La iniciación sexual de los pijecitos a menudo es traumática según se sabe. Tal vez también les afecta el valórico de la morálica.