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Agosto 18, 2026

A tres años de su muerte; Bolaño sigue hablando hasta por los codos

¿Usted tiene más enemigos que amigos? Y el escritor respondió “Tengo suficientes de ambos, todos gratuitos.

No escatimes halagos a los imbéciles, a los dogmáticos, a los mediocres sino quieres vivir una temporada en el infierno. La vida sigue aquí, más o menos igual”.

Este 15 de julio se cumplen tres años desde que la mordaz y arrogante lengua de Roberto Bolaño nos dejara en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

Parece que no fueran tantos años o que no ha muerto y será porque el escritor después de muerto ha seguido con su zaga literaria.

Este fantasma de escritores latinoamericanos sigue hablando, y desde todos los puntos a la que la veleta pueda asentar y a lo que no también.

El padre de los Detectives Salvajes, dejó en su obra, una  nueva tabla de mandamientos literarios, -desde Borges que no había otra –  en la que la valentía está por sobre todos los aspectos, -pudiésemos decir que solo la estética puede acompañar este postulado-, quizá por eso, por la valentía que Bolaño mostró en sus líneas, que muchas veces fue odiado por moros y cristianos, más aún si Chile es un país que no está hecho para el arte, pues nuestro país es el rincón de la envidia, un territorio colmado de Salierí’s o funcionarios de gobiernos –acostumbrados a ganar becas, flirtearse con editoriales extranjeras en donde los dueños son amigos de quienes gobiernan, y después una agregaduría cultural o mejor una embajada, ojalá en Europa- que buscan la fama y el reconocimiento perpetuo más que la buena escritura.
 
Bolaño y los 4 fantásticos
 
En la última entrevista que dio Roberto Bolaño a la revista Playboy se le preguntó ¿Usted tiene más enemigos que amigos? Y el escritor respondió “Tengo suficientes de ambos, todos gratuitos”. La interrogante se le realizó porque sabido era que Bolaño era realmente odiado por el hecho de romper con todos los paradigmas creados a través de las imágenes de ciertos escritores y poetas.
En Chile, solo les falta prenderles vela, por lo que la relación con los seguidores de los cuatro poetas que viven en el Olimpo no fue de las mejores.

Si bien fue un gran lector de la cúpula literaria chilena, pero no tanto porque le gustara, sino que era una máquina de leer, Bolaño tuvo sus diferencias con los “Cuatro Fantásticos” –Neruda, De Rokha, Huidobro y la Mistral.

“Huidobro me aburre un poco. Demasiado Tralalí alalí, demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o ya de plano, aquellos que no se les abre el paracaídas”.

El postulado mayor de Bolaño siempre fue la valentía, el ir de frente, el reconocer en la literatura un oficio peligroso. No cree en los padres literarios ni en las vanguardias, él pensaba que el trabajo de las letras es una labor solitaria, en donde las camarillas solo sirven para hacer lobby.

En cuanto a la primera idea el escritor pronunció la siguiente declaración, preguntado sobre que le habría dicho a Gabriela Mistral si la hubiese conocido a lo que el escritor respondió “Madre perdóname, he sido un hombre malo, pero el amor de una mujer hizo que me volviera bueno”.

El sarcasmo fue su espada, de eso no cabe duda, por lo mismo aprovechó dicha herramienta para seguir “De Rokha era un muy buen poeta, pero es demasiado Rabelesiano, por lo que si quiero leer una prosa gruesa, prefiero leer a Rabelais”.

Pero al que más repudió fue a Neruda. Siempre dijo que él era el representante del poeta comprometido con los intereses políticos –en esta caracterización también cabría Skarmeta-. Decía que era el perfecto funcionario público que vivió a despensas del Estado y que amasó fortuna y fama codeándose con la política. Bolaño no dudaba en contestar que la Poesía es la antítesis de la política y que no son compatibles y que quien lo hacía era un vendido. En resumidas cuentas era una obligación escribir valientemente y en eso también cabría el tema de la política, pero un poeta jamás se podía coludir con el poder.

El episodio más repudiado por el escritor de 2666 sobre Neruda, era su militancia comunista de corte Stalinista. Eso no logró comprenderlo jamás ¿Cómo un comunista que quiere llevar al proletariado al poder puede apoyar a un dictador y asesino?

Bolaño en su época -18 años cuando visita Chile para conocer la experiencia de la UP- fue Trotskista y sus ideas políticas estaban vinculadas al MIR, por lo que no era raro que Neruda fuera uno de los blancos favoritos. Es cosa de recordar que Neruda fue uno de los que ayudaron al pintor David Alfaro Siqueiros, quien  fue acusado de atentar contra la vida de Trotsky, pero no  sólo fue eso sino que “comandó el primer atentado contra el líder de la revolución bolchevique, el que fracasó ya que Trotsky logró esconderse. Poco después de llegar Neruda a México, Siqueiros es apresado, quien estuvo en la cárcel desde donde salió a Chile con ayuda de Neruda”(*). Pero desde el punto de vista literario dice que el mejor poema de Neruda es “cualquiera de Residencia en La Tierra”.
 

Los poetas menores?
 
Bolaño siempre desdeño a los poetas del Olimpo y eso ha quedado claro. No gusta de Neruda y criticó su forma de hacer vida literaria, pues creó camarillas en donde solo lo que él decía que era bueno aparecía en la grandes antologías y tenían la posibilidad de llegar a ser conocidas.

Pero el gusto por la buena poesía, lo llevó a las generaciones del 38’ y el 50’ que fueron ensombrecidas, por la, como él lo llamaba, “La Vaca Sagrada de la poesía Nacional”.

Poetas enormes que en otros países tendrían estatuas en plena Alameda, pero que para variar en nuestro país solo se les ofrece polvo y un choapino para enterrarlos, de la talla de Jorge Teillier, Enrique Lihn –uno de sus favoritos- y Armando Uribe.

“Lihn es el hijo inmerecido que tenemos y que durante toda su obra procuró enseñarnos a no hacer melodramas… Lihn es el poeta por esencia”.

En cuanto a Teillier  afirma “Fue a morir a una de las partes más miserables cumpliendo con su destino de poeta y alcohólico. Para Teillier no importaba tanto escribir buena poesía, sino llevar vida de poeta… eso es notable”.

Para terminar diciendo que después de estos monstruos de la poesía, la nada o el misterio.
 
La mal llamada nueva narrativa chilena
 
“La literatura chilena probablemente sea las pesadillas del poeta más resentido y gris y acaso el más cobarde de los poetas chilenos Carlos Pezoa Véliz, -autor de solo dos poemas memorables, pero eso si verdaderamente memorables- que nos sigue soñando y sufriendo” así definía Roberto Bolaño a sus pares chilenos, una verdad que caló hondo en la núcleo de esta nueva narrativa que asomaba sus ojos en las “canchas de pasto” de México y Europa.

Por este tipo de comentarios Bolaño siempre fue odiado por un alto porcentaje de escritores en Chile.

Sus dardos, siempre certeros y dolientes, desarmaron la visión que existía en nuestro país del nacimiento de una nueva gran camada de narradores, y porque decir “nueva” si Chile nunca ha sido un país de escritores, de poetas probablemente o de audiovisualistas últimamente.

No dejó títere con cabeza y para partir, un dulcecito que le tiró a la madre de este grupo. Preguntado en su última entrevista que concedió a Playboy México, por si no hubiese cambiado su forma de pensar a cerca de los libros de Isabel Allende y Ángeles Mastretta al tener la oportunidad de emborracharse con ellas, Bolaño contestó “No lo creo. Primero porque estas señoras evitan beber con alguien como yo. Segundo, porque yo ya no bebo y tercero porque ni en mis peores borracheras he perdido cierta lucidez mínima, un sentido de la prosodia y del ritmo, un cierto rechazo ante el plagio, la mediocridad y el silencio” eso fue una verdadera sacada de madre al núcleo nacional literario.

Pero no solo quedó en eso,  “Isabel Allende tiene ese glamour de sudamericana en California, sus imitaciones de García Márquez, su indudable valentía, su ejercicio de la literatura que va de lo kitsch a lo patético” para después proseguir hablando de dos tipos de literatos en la narrativa, las escritoras y las escribidoras, enunciando que en el primer ejemplo se encuentra la argentina Silvina Ocampo y en las segunda la chilena Marcela Serrano, explicando la diferencia entre un tipo y el otro en “los años luz que medían entre una y otra”.

A José Donoso tampoco lo pasó y se ríe cuando supo que el escritor de “El Obsceno Pájaro de la Noche”, en su lecho de muerte mientras agonizaba, pidió que le leyeran el poema Altazor de Vicente Huidobro “Me cuesta escribir sobre Donoso, en casi todo estoy en desacuerdo con él. Esta imagen de Altazor me pone enfermo y no tengo nada contra Huidobro, pero como alguien que está muriendo puede pedir que le lean ese poema? No lo entiendo. Y sigue con Donoso “En un panorama dominado por augusto D’halmar y Manuel Rojas sin duda Donoso resplandece. En el gran teatro de Lezama, Bioy Casares, Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa, Sábato, Benet, Puig y Arenas, la obra de Donoso automáticamente se desplaza a un segundo plano y empalidece”. 

 Pero el mundo político, tan ligado a lo literario en Chile, también tuvo lo suyo. En un artículo de la prestigiosa revista española “Ajo Blanco” Bolaño, describió la cena que tuvo en la casa de la escritora Diamela Eltit, pareja del ex ministro Jorge Arrate, quienes se conocieron en el taller literario de la Eltit “Me gusta imaginarlos así, Jorge sentado y Diamela planchando y echándole de vez en cuando esas miradas diamelescas entre turbias e ingenuas, y hablando de su literatura, una de las más complejas que se escriben hoy en español y seguramente de otras escrituras, escrituras femeninas, de vanguardia que Arrate, socialista, exiliado, fogueado en combates en donde esos textos, precisamente, no circulaban, desconocía, y que a partir de entonces se dedicó a leer con pasión y con humor, la misma pasión y humor que pone en todo lo que hace y también con la tremenda temeridad de los enamorados, al cabo de poco tiempo ya estaban saliendo con Diamela, la escritora más maldita de la literatura chilena y luego en fin, como a veces pasa, se pusieron a vivir juntos” sarcasmo puro, del que solo los maestros son capaz de amasar en su boca y luego escupir como un latigazo al ego.

Este artículo en Chile provocó el profundo rechazo de casi todo el mundo político-literario, mientras Bolaño seguía enalteciendo nombres que en Chile ni siquiera eran tomados en cuenta, como el del escritor Pedro Lemebel y el poeta Claudio Bertoni, sin importar lo que la “plebe que se tomó la literatura” dijera.
 
Parra, Lemebel, Maquieira, Lira, Millán y las nuevas generaciones
 
“La diferencia entre un buen escritor y uno malo es que el primero no busca la respetabilidad (por la que los escritores chilenos pierden el culo) sino la libertad”
                                                                                                            (Roberto Bolaño).
 
Para Bolaño Nicanor Parra es el mejor, y no solo en Chile sino en el mundo. El mundo parriano conlleva ser poeta y vivir como poeta como dijera Teillier, ser valiente en la adversidad como Uribe y ser humilde e inteligente en la riqueza intelectual, como Lihn.

Parra lo absorbe todo, con Parra se vive todo, nadie muere y si alguien lo hace, será de tanta carcajada que el viejo de Las Cruces nos regala.

“Nicanor Parra es el mejor de todos, incluido Neruda, Huidobro, y la Mistral”.

Pero eso ya era sabido, había que poner a alguien sobre el tapete y el elegido fue como el propio Bolaño lo define “Travestido, militante, tercermundista, anarquista, mapuche por adopción, vilipendiado por un establishment que no soporta sus palabras certeras, memorioso hasta las lágrimas, no hay campo de batalla en donde él, fragilísimo, no haya combatido y perdido” se refería a Pedro Lemebel.

Al escritor de “Tengo Miedo Torero” lo encuentra el mejor escritor de Chile y también el mejor poeta aunque no escriba poesía, pues no la necesita. Dice que nadie llega más hondo que Lemebel y encima por si fuera poco, lo tacha de valiente “es decir sabe abrir los ojos en la oscuridad en esos territorios donde nadie se atreve entrar… ¿Qué cómo supe esto? Leyendo sus libros”.

Aprovecha también de celebrar la poesía de Raúl Zurita afirmando que creó una obra magnífica que descolló entre los de su generación y que marcó un punto de retorno con la poética de la generación precedente, pero que al contrario de Lemebel, el Premio Nacional de Literatura año 2000 no fue valiente “gran poesía, pero su escatología, su mesianismo, son también los puntales de un mausoleo o una pira funeraria hacia la que se encaminaron en los años ochentas casi todos los poetas chilenos. Ese dolce stil novo pretendió ser renovador y épico y en algunos aspectos lo fue, aunque sus flecos fueron amargos y patéticos”.

 Pero las loas siguieron y en esta ocasión le tocó a Gonzalo Millán, uno de los poetas más espectaculares que se ha dado en Chile “Su poesía, una de las más consistentes y lúcidas en el panorama latinoamericano; poesía civil frente al alud de poesía sacerdotal; es un alivio leerlo que no se propone como el poeta nacional, sino como el poeta de los oprimidos”.

De Diego Maquieria acota “Escribe dos libros brillantes y después elige el silencio, con él todo es posible, lo mejor y lo peor” y prosigue con Rodrigo Lira “Abre un camino y se pierde, hay que releer a Lira. No pretende ser Dante sino Condorito. No pretende entrar a la “Casa de las Becas” (que durante tanto tiempo fue la casa de los poetas) sino a la casa de la destrucción” con ello nuevamente el ideal del poeta valiente.

En relación a las nuevas generaciones Bolaño siempre habló de los jóvenes poetas de menos de 30 años, jóvenes que hoy algunos ya rebasan esa edad y que luego deberían dar que hablar, sino ya algunos. De ese grupo en narrativa nombró a tres: “Las Infantas de Lina Meruane y en “Voz Baja” y “Ciudadano en Retiro” de Alejandra Costamagna son logros en si mismo, pero sobretodo son la promesa más firme de una literatura que no renuncia a nada. Las jóvenes escritoras chilenas escriben como diablas”

Al tercer escritor al que se refería es  Pablo Azócar, esto lo manifiesta en una crónica en la que visita a Nicanor Parra en su casa de La Cruces y asienten en dicho gusto literario.
 
La conclusión de Bolaño
 
“Esto es lo que aprendí de la literatura chilena. Nada pidas que nada se te dará. No te enfermes que nadie te ayudará. No pidas entrar en ninguna antología que tu nombre siempre se ocultará. No luches siempre serás vencido… No escatimes halagos a los imbéciles, a los dogmáticos, a los mediocres sino quieres vivir una temporada en el infierno. La vida sigue aquí, más o menos igual”.
 
Bolaño la tenía clarita.
 
 
 (*) Aparece en el artículo de Mario Casasús “Las furias y las penas, la biografía más polémica de Neruda a manos de David Schidlowsky” publicado el reciente 2 de julio en Clarín.