La comida es predominantemente masas como sopaipillas, empanadas fritas de queso, pino o mariscos; los tradicionales “sanguches de potito”, de pernil con pebre encebollado, o el de mortadela con palta, que caracteriza también a la gastronomía que circunda los Estadios de fútbol los fines de semana.
También disponen de comida norteamericana como los Hot Dog o perros calientes, conocidos en nuestro país por sus diferentes variedades: completos, especiales, dinámicos, italianos, cada pan de lengua con su correspondiente salchicha, las formulas están determinadas por la cantidad de agregados que decoran en su parte superior el apetitoso sandwich: chucrut, salsa americana, tomates, mayonesa, mostaza y ají, entre una multiplicidad de variedades.
A esta especialidad se agregan las hamburguesas y pizzas de reciente incorporación al mercado gastronómico callejero, aquí se agregan el queso derretido, las aceitunas, los choricillos, en fin, dependiendo de la creatividad del cocinero o cocinera ambulante y de las preferencias de los transeúntes del sector.
En la actualidad se encuentra en las calles algunos exóticos puestos de comida china atendidos por nativos de ese país, emigrantes pobres que sin un capital de inicio para instalar un restaurante, deben resignarse a vender wantan, arrollados primavera, pocillos con carne mongoliana, o costillar cantones, en plena Avenida Matucana, próximo a las bajadas del metro Estación Central.
Nueva presencia gastronómica es la de inmigrantes peruanos en las inmediaciones de la Plaza de Armas de Santiago, a un costado de la Catedral Metropolitana, en este lugar el consumidor de comida callejera encontrara platos desconocidos en la tradición gastronómica chilena como son el ají de gallina, las papas a la huacaina, el seco de cordero, y jaleas saladas con palta, vetarraga y otras verduras traídas desde Lima o el puerto de Callao. En postres, el delicioso Sabor Limeño y los choclos morados bañados en almíbar de pelo.
Comer en la calle es sin duda un deleite para los santiaguinos que transitan por estos cuatro puntos cardinales de la gastronomía guachaca, así es que si usted es un aséptico, insípido o posa de cursi para convencernos de la idea que visita solo restaurantes sofisticados, no se engañe, deténgase de vez en cuando en una de estas esquinas cálidas y devórese un par de sopaipillas con un buen pebre por el módico precio de $120 y si la billetera resiste otra inversión, agréguele un cafecito deslavado y con poco azúcar por una “gambita”, en total $220, y ya tiene un suculento desayuno para comenzar el día. Como dice el refrán: guatita llena, corazón contento.
