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Agosto 18, 2026

La Cámara de Diputados se traslada de Valparaíso a Maputo

Estupidilandia es una monarquía presidencial, por consiguiente, la Cámara de Diputados es sólo una agencia de viajes con destino a la bella ciudad de Valparaíso; daría lo mismo que legislaran en Maputo, capital de Mozambique. Actualmente, ni siquiera sirven buenos tés y hacen leyes para fregarlo a uno, como decía Vicente Huidobro. Los parlamentarios no pueden repartirse medallas entre ellos, como en Su Excelencia, de Cantinflas, pues la billetera fiscal pertenece sólo a Andrés Velasco. Afortunadamente, hay algunos nuevos diputados un tanto díscolos, que no siempre le siguen el amén a la Chica de Rojo.

De las Comisiones investigadoras, mejor ni hablar: nunca llegan a ninguna conclusión; para más remate, la oposición es ratona y se dedican a pelear entre ellos: Larraín & Larraín son como los inspectores Fernández y Hernández, de Tin Tin, y nunca descubren ningún escándalo en la monarquía. Ya no hay oradores como Radomiro Tomic,  Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva, ni legisladores como Jacobo Schaulsohn o el derechista Hugo Zepeda. Tampoco hay díscolos gladiadores, como el diputado Mario Palestro, quien decía más garabatos que el italiano Gabriel Benni, y repartía combos a cuanto derechista encontraba. Siempre ha habido diputados que no pronuncian ni una sola palabra en sus cuatro años, pero logran la reelección llevando peinetas a sus votantes.
 
Daniel el Travieso Enríquez ha logrado ponerle sabrosos condimentos al aburrido parlamento: no obedece órdenes de Partido, se aleja de la manada de borregos y viaja a países originales, costeados de su propio peculio. En vez de ir a Nueva York, se va a la miserable ciudad de La Paz; habla de tú a tú con los aymaras, sin recibir instrucciones del aburrido ministro Foxley, pues sabe muy bien que Chile nunca ha tenido una política acertada respecto a nuestros países vecinos. El beato de la “flecha roja” Jorge Burgos recriminó a Enríquez-Ominami por visitar un safari con dineros fiscales; todos sabemos que los animales, entre ellos los rinocerontes, hace tiempo que eligieron los países capitalistas, (¿no será que Marco se fue a estudiar la sociología de los tontilandeses?).
 
La pelea es clásica: Daniel el Travieso le responde, en la hora de incidentes, y Burgos, indignado, le contesta desde su asiento, moviendo los dedos con un no. Burgos recurre a Jesucristo tratando de contar hasta tres, para no propinarle una cachetada. Burgos descalifica a Enríquez-Ominami acusándolo de no pertenecer a la Concertación, como si los niños de la “flecha roja” fueran los únicos dueños del amor de la abeja reina Michelle Bachelet. Pienso que, afortunadamente, parlamentarios rebeldes como el pelucón Alejandro Navarro, el sindicalista Tucapel Jiménez, hijo de héroe de la resistencia, el senador por Potosí, Nelson Ávila, y Daniel el Travieso Enríquez Ominami, al menos tienen el valor de los viejos parlamentarios republicanos para fiscalizar el absolutismo de la monarquía presidencial chilena. Que sean locos y valientes me parece muy bien; los locos lindos, como dicen los argentinos, son muy necesarios para hacer más respirable el aire de Borregolandia.
 

Rafael Luis Gumucio  Rivas